Fernando Gago perdió con claridad la batalla táctica del Superclásico 200. Universidad de Chile cayó 2-1 ante Colo Colo y su entrenador nunca consiguió encontrar soluciones consistentes frente al planteamiento de Fernando Ortiz, que logró neutralizar las principales virtudes azules y llevó el encuentro hacia el escenario que más le acomodaba.
Colo Colo consiguió controlar especialmente a Charles Aránguiz. El mediocampista tuvo pocos espacios para manejar la pelota y la U sufrió cuando su principal generador de fútbol no pudo intervenir con libertad. A eso se agregó el aislamiento de Eduardo Vargas, bien contenido por los centrales albos, que prácticamente no pasaron zozobras ante el ataque universitario.
Aránguiz, de todas formas, consiguió aparecer en un momento clave. Cuando terminaba el primer tiempo marcó el 1-1 que permitió que Universidad de Chile se fuera al descanso en igualdad. El gol terminó siendo también una demostración de su importancia: incluso en un partido donde Colo Colo había conseguido reducir su influencia, seguía siendo el futbolista más claro de la mitad de la cancha azul.
La mejor versión de Universidad de Chile apareció recién en los primeros minutos del segundo tiempo. Fue el único tramo en que el equipo de Gago consiguió incomodar seriamente a Colo Colo, adelantando sus líneas y encontrando mayor profundidad. Tobias Reinhart logró generar peligro con sus entradas y por algunos minutos los albos dejaron de tener la tranquilidad defensiva que habían mostrado durante buena parte del encuentro.
Sin embargo, esa reacción fue demasiado breve. Javier Correa marcó el 2-1 a los 53 minutos y nuevamente dejó a Universidad de Chile obligada a encontrar respuestas. En el inicio de esa jugada apareció además una de las decisiones que terminaron jugando en contra de Gago: Igor Lichnovsky perdió el mano a mano frente a Lautaro Pastrán y Colo Colo aprovechó la acción para construir el tanto que terminó definiendo el Superclásico.
Con la desventaja, Gago tenía prácticamente todo el segundo tiempo para modificar el escenario. No pudo. Universidad de Chile volvió a quedarse sin caminos claros para llegar al arco rival, Vargas continuó controlado por la defensa alba y aquel impulso de los primeros minutos del complemento desapareció rápidamente. Ortiz recompuso a su equipo y nuevamente consiguió llevar el partido hacia donde quería.
Los cambios de Gago tampoco entregaron soluciones. El más difícil de explicar llegó a los 76 minutos, cuando decidió sacar a Charles Aránguiz para permitir el ingreso de Gonzalo Reyna. La U perdía 2-1 y su entrenador retiró precisamente al mediocampista que mayor claridad había mostrado, además del autor del único gol azul de la tarde.
A los 83 minutos llegó otra apuesta: Juan Martín Lucero reemplazó a Fabián Hormazábal. La U necesitaba el empate y Gago buscó aumentar su presencia ofensiva, pero la modificación tampoco consiguió cambiar el desarrollo. Colo Colo sostuvo la ventaja sin sufrir un asedio importante y logró llevar el Superclásico hasta el final sin perder el control.
Ahí estuvo una de las grandes diferencias entre ambos entrenadores. Ortiz consiguió neutralizar a los jugadores que podían desequilibrar el partido, protegió correctamente a su defensa y reaccionó cuando la U tuvo su único momento favorable. Gago, en cambio, nunca consiguió construir una respuesta colectiva y terminó buscando soluciones con modificaciones que no mejoraron a su equipo.
El Superclásico 200 era una prueba importante para Fernando Gago y el entrenador de Universidad de Chile no la superó. Su equipo apenas consiguió imponer condiciones durante los primeros minutos del segundo tiempo y después volvió a quedar atrapado en el partido preparado por su rival. Esta vez no hubo excusas desde la pizarra: Gago, te bailó tácticamente Ortiz.