Hay entrenadores que llegan y, aun sin grandes refuerzos, consiguen mejorar a sus futbolistas. Otros al menos logran darle una identidad reconocible a sus equipos. Fernando Gago, después de casi tres meses en Universidad de Chile, no ha conseguido ninguna de las dos cosas.
El empate 2-2 ante Unión La Calera fue mucho más que dos puntos perdidos. Fue la confirmación de una tendencia preocupante. La U ganaba 2-0 ante el colista absoluto del campeonato, un equipo que llegaba hundido en la tabla y que terminó encontrando espacios, errores y argumentos para rescatar un resultado que parecía imposible. Los azules cerraron la primera rueda novenos y a quince puntos del líder Colo Colo.
El dato más demoledor no está en el empate de este domingo. Está en la incapacidad absoluta de Gago para imponerse a La Calera. Desde su llegada dirigió tres partidos contra los cementeros y no ganó ninguno: debutó perdiendo 1-0 en la Copa de la Liga, luego cayó nuevamente en el mismo torneo y ahora dejó escapar una ventaja de dos goles para terminar igualando. La Calera se transformó en su bestia negra.
Pero incluso eso sería anecdótico si no existiera otro antecedente todavía más duro. Cobresal derrotó a la U de Gago el 17 de mayo en El Salvador. Fue un 1-0 sufrido, en la altura y ante un rival que parecía en crisis. ¿Qué ocurrió después? Cobresal no volvió a ganar. Encadenó derrotas frente a Ñublense, Audax Italiano, Universidad Católica y Colo Colo. En sus últimos cinco partidos, su única victoria fue justamente contra la Universidad de Chile de Fernando Gago.
Por supuesto que el entrenador tiene atenuantes. Recibió un plantel mal construido, con rendimientos bajísimos y futbolistas lejos de su mejor nivel. La dirigencia también tiene responsabilidad. Sin embargo, esa explicación sirve para entender el problema, no para justificarlo indefinidamente.
Porque cuando uno busca mejoras individuales, cuesta encontrarlas. Eduardo Vargas sí logró una racha goleadora positiva y ya suma cinco tantos en el torneo tras marcar en La Calera. Pero más allá del ariete los nombres propios no despegan, tal como con Meneghini: Lucero sigue sin despegar, Assadi continúa estancado, Marcelo Díaz perdió protagonismo, los problemas defensivos persisten y la irregularidad se transformó en una marca registrada.
Lo más preocupante es que tampoco aparece una idea consolidada. La U puede jugar 45 minutos muy buenos, como ocurrió en La Calera, para después desmoronarse completamente en el segundo tiempo. El propio Gago reconoció tras el encuentro que "no salió nada de lo que planeamos". Una frase que retrata perfectamente su ciclo.
Cuando llegó, la distancia con Colo Colo era de cinco puntos. Hoy la brecha es de quince. Llegó para rescatar una temporada que ya venía golpeada tras la eliminación internacional y la terminó profundizando. También quedó fuera de la Copa de la Liga. Tres meses después, la U sigue siendo un equipo sin regularidad, sin resultados y sin crecimiento visible.