Universidad Católica aceleró el mercado y en un corto margen de tiempo oficializó a Matías Palavecino, Bernardo Cerezo, Justo Giani y Jimmy Martínez. Refuerzos que apuntan a darle profundidad al plantel de cara a la temporada 2026 y que confirman una planificación adelantada respecto de otros clubes grandes. Sin embargo, junto con la rapidez de los anuncios, reaparece un elemento que no es nuevo pero sí cada vez más visible.
Con la llegada de Martínez, el número de futbolistas del primer equipo representados por Vibra Fútbol llegó a 11, una cifra que marca una concentración muy alta en el plantel cruzado. A los recién llegados se suman nombres de peso como Branco Ampuero, Gary Medel, Eugenio Mena, Cristian Cuevas, Eduard Bello y Diego Valencia, además de jugadores jóvenes o en desarrollo como Dani González, Sebastián Arancibia, Juan Francisco Rossel y Diego Corral. La agencia de Fernando Felicevich tiene hoy presencia en prácticamente todas las líneas del equipo.
Este escenario también se ha alimentado de episodios previos que dejaron lecturas incómodas en el ambiente cruzado. Uno de los más citados es el de Raimundo “Catuto” Rebolledo: cuando apareció una opción para salir al extranjero, la UC mantuvo una postura dura y la operación terminó entrampada. En el análisis que quedó instalado en el debate público, se remarcó un detalle clave: Rebolledo no pertenecía a la “escudería”, por lo que su caso se convirtió en el ejemplo más repetido de un trato distinto cuando el jugador no está bajo el mismo paraguas de representación.
La comparación que se usó entonces fue la de Matías Dituro, arquero que sí estaba ligado al “corral” y cuya salida se leyó como una negociación con un camino más despejado. No se trata solo de percepciones: el contraste entre ambas gestiones se transformó en material permanente cada vez que se discute cuánta incidencia real tiene el mundo de los representantes en decisiones de mercado dentro del club.
En paralelo, la UC también arrastró el caso de Valber Huerta, fichaje que buscó reforzar la defensa pero que estuvo marcado por problemas físicos y escasa continuidad. En un periodo crítico, Católica se encontró sin suficientes alternativas en la zaga, y esa falta de respuestas terminó empujando cuestionamientos sobre la planificación deportiva, la evaluación de riesgos y la forma en que se construyó el plantel en una zona sensible.
El punto más polémico se conoció fuera de la cancha. Juan Cristóbal Guarello denunció públicamente que a Felicevich se le habría ofrecido un palco en el Claro Arena, versión que la dirigencia de Universidad Católica negó de manera categórica. La acusación —atribuida exclusivamente al periodista— elevó el ruido y dejó instalado el tema en una dimensión institucional.
Con once jugadores representados por Vibra Fútbol y un mercado que avanza a ritmo acelerado, la influencia de Felicevich en Universidad Católica ya no es un dato lateral, sino un factor estructural del proyecto. Y por eso, cada fichaje y cada negociación reabren la misma pregunta en San Carlos: ¿eficiencia de mercado o una concentración de poder que termina condicionando el rumbo deportivo?