Durante años fue un rumor persistente en el fútbol chileno: la existencia de dueños que no figuran en los papeles, de controladores que operan fuera de los registros formales, pero que toman decisiones de fondo en algunos clubes profesionales. En 2023, ese debate alcanzó por primera vez el centro de la escena pública con la emisión del reportaje El cartel del gol, de Informe Especial, que apuntó a la supuesta influencia de representantes en la propiedad y administración de equipos.
Uno de los casos más polémicos fue el de Deportes La Serena y el nombre de Fernando Felicevich. La presión mediática obligó a la ANFP a salir públicamente a desmentir cualquier vínculo de propiedad. Desde Quilín, el organismo sostuvo que no existía antecedente alguno que permitiera acreditar que el agente fuera dueño o controlador del club.
“Según los controles que tenemos nosotros, él no es dueño del club”, afirmó entonces Diego Karmy, gerente de desarrollo de la ANFP, quien agregó que las relaciones de asesoría o cercanía no constituían propiedad formal ni vulneraban las normas vigentes.
Con esa declaración, el caso quedó administrativamente cerrado. Pero no socialmente. El tema siguió circulando en pasillos, foros y conversaciones privadas, sin que existiera una confirmación directa que rompiera el cerco de las versiones.
El 14 de enero de 2026, el representante brasileño Regis Marques concedió una entrevista al programa Los Tenores de Radio ADN. La conversación, centrada en su visión del mercado chileno, terminó dejando una bomba informativa. Primero, Marques habló de su ambición empresarial:
“Algún día yo voy a ser dueño de un club en Chile… porque yo creo que es el único país donde, con la plata de los sponsors y de la televisión, se puede mantener un club”, afirmó. Luego, llegó la mención directa a Deportes La Serena. “Sí, pregunté por La Serena. Entré en contacto con Fernando Felicevich, que es mi amigo… yo le hice una propuesta a él y estamos ahí en el tira y afloja”, señaló. Pero la frase que terminó por incendiar el debate fue aún más explícita: “Mi amigo es el dueño actual y estamos negociando”.
Dicho casi como un dato accesorio, sin dramatismo ni énfasis, Marques puso en palabras lo que durante años se había insinuado sin pruebas públicas: que el verdadero poder en ciertos clubes no siempre coincide con lo que figura en los documentos oficiales.
El contraste con lo declarado por la ANFP en 2023 es directo y frontal. Mientras el organismo sostuvo que no existía ninguna evidencia formal de propiedad o control, un actor del mercado aseguró en radio abierta que negocia con quien —según él— es el dueño real del club.
El episodio no solo reabrió el caso La Serena. Reinstaló una discusión más profunda: la diferencia entre propiedad legal y control efectivo. En el fútbol chileno, donde las sociedades anónimas deportivas están reguladas por normas que buscan transparencia, estas declaraciones vuelven a poner en cuestión los límites entre influencia, asesoría, representación y poder real.
Porque más allá de los registros oficiales, las decisiones deportivas, financieras y estructurales suelen pasar por circuitos informales. Y cuando esos circuitos salen a la luz —como ocurrió ahora— el sistema entero queda expuesto. Hasta Felicevich no ha respondido públicamente a estas nuevas declaraciones. Pero el escenario cambió: ya no se trata de un reportaje televisivo ni de interpretaciones indirectas. Es un actor del mercado quien afirmó, sin rodeos, que negocia con el supuesto dueño de un club profesional.
El fútbol chileno, otra vez, se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿quién manda realmente?