El último Consejo de Presidentes de la ANFP no solo dejó tensión en la interna, sino también versiones completamente contrapuestas sobre lo ocurrido, instalando una disputa que rápidamente se trasladó al plano público. Desde y tal como te contamos en La Hora de King Kong, Tagle con su sector intentaron sacar del cargo a Pablo Milad y compañía.
Pero ahí empezó el trabajo de limpieza. Es por eso que un grupo de dirigentes salió a bajar el perfil del episodio. Agustín Lorenzetti, de Universidad de Concepción, fue categórico al señalar que “que se diga que hubo un intento de golpe de Estado o censura es gravísimo”, descartando cualquier irregularidad en el desarrollo de la reunión. En la misma línea, Jorge Uauy, presidente de Palestino, aseguró que “en este consejo no hubo un golpe de Estado ni nada parecido”, agregando que se trató de “un consejo duro, pero dentro de un ambiente lógico”.
A estas voces se suma también la postura de otros dirigentes que han intentado descomprimir el conflicto. Desde ese sector se ha insistido en que no existieron presiones indebidas ni intentos de desestabilización, buscando instalar la idea de que lo ocurrido forma parte de una discusión habitual dentro del funcionamiento del Consejo.
Sin embargo, otras versiones desde el interior del propio encuentro contradicen ese diagnóstico. Pablo Hoffmann apuntó en Radio ADN que “en 45 años… nunca vi algo igual. Fue muy desagradable”, agregando además que durante la sesión “los temas fueron interrumpidos por acciones irregulares”, lo que alteró el desarrollo normal de la jornada.
En esa misma línea, Juan Tagle —quien aparece como uno de los principales referentes del bloque de clubes— también quedó en el centro del conflicto, en medio de una discusión que incluyó acusaciones cruzadas y un quiebre evidente con la mesa encabezada por Pablo Milad.
El contraste entre ambas versiones deja en evidencia una disputa que ya no solo es política, sino también comunicacional. Mientras un sector intenta instalar que se trató de una discusión habitual, los testimonios desde dentro del Consejo y el desarrollo mismo de la reunión apuntan a un episodio excepcionalmente tenso, con elementos que exceden una deliberación normal.
Así, lo ocurrido en Quilín no solo expone una ANFP fracturada, sino también una lucha por instalar el relato de lo sucedido, en medio de un escenario donde el control del fútbol chileno vuelve a estar en disputa.