Minuto 63 en el Claro Arena. Universidad Católica ganaba 2-1 y encontró espacios para salir rápido ante O’Higgins. Matías Palavecino tomó la pelota y condujo una contra que parecía prometedora, mientras Fernando Zampedri esperaba por el centro y marcaba el lugar donde quería recibir.
Pero Palavecino decidió otra cosa. El zurdo buscó al goleador con un pelotazo largo que terminó viajando lejos de su alcance y saliendo por el costado. Zampedri inmediatamente apuntó hacia el sector donde esperaba el pase, con un claro gesto de molestia. Desde las tribunas apareció el murmullo.
La escena fue pequeña, pero bastante representativa del momento que atraviesa Palavecino en Universidad Católica. Otra vez ingresó frío, impreciso y con dificultades para meterse en el partido. Y lo más preocupante es que dejó de tratarse simplemente de una adaptación.
El volante llegó a la UC después de una gran temporada 2025 con Coquimbo Unido, donde disputó 28 partidos de Liga de Primera, marcó cuatro goles y entregó ocho asistencias. En Católica, en cambio, suma 19 encuentros de campeonato, apenas dos goles y cinco asistencias, pero además ha ido perdiendo protagonismo y minutos.
Su presente lo confirma. Contra O’Higgins nuevamente comenzó desde el banco, tal como había ocurrido en varios de los últimos compromisos. Ante Estudiantes ingresó para jugar 31 minutos, contra Cobresal disputó 45 y frente a Deportes Concepción otros 45. Ante Coquimbo Unido, su exequipo, ni siquiera fue convocado.
Palavecino todavía tiene fútbol para revertir la historia, pero aquella versión desequilibrante que encontró en Coquimbo parece cada vez más lejana. En Católica no ha conseguido adueñarse de la creación ni transformarse en un futbolista indispensable.
Y ahora apareció una señal que quizás sea todavía más preocupante: el Claro Arena comenzó a perderle la paciencia. El murmullo después de aquella contra desperdiciada no fue una condena definitiva, pero sí una advertencia. Al “10” de Católica ya no le basta con entrar y mostrar pinceladas. Necesita empezar a justificar en la cancha el protagonismo con el que llegó.