Gustavo era un prometedor volante ofensivo de buen físico y respetable técnica. Había llegado a las inferiores de Universidad Católica a los 9 años, cuando el fútbol todavía era parte del Club Deportivo, y compartió generación con José Luis Villanueva, José Pedro Fuenzalida e Iván Pupi Vásquez. A los 15 años ya entrenaba con el primer equipo y pensaba que tendría un futuro sólido como profesional. Cuando Universidad Católica pasó a ser Cruzados S.A. comenzaron los problemas: debía jugar 60 partidos en el primer equipo para que recién le pagaran un millón y medio de pesos de sueldo. Por eso optó por el préstamo y estuvo en distintas temporadas en equipos de provincia, en incluso se dio una vuelta por una exótica liga de Oriente.
Después de tantos préstamos llegaba el momento de quedar con el pase en su poder y desde Cruzados le entregaron un contrato que lo "liberaba", pero a cambio de varias condiciones casi imposibles de cumplir. En ese momento ya estaba José María Buljubasich como gerente técnico de Universidad Católica. El contrato, firmado por Luis Felipe Gacitúa y Felipe Achondo exigía:
- el 50% de cualquier venta futura que se haga con el jugador.
-Abstenerse de suscribir cualquier contrato de transferencia de los derechos sobre su pase a un tercero, en una cifra inferior a los US$ 1.000.000 (un millón de dólares de los Estados Unidos de Norteamérica), sin que sea aprobado expresamente y por escrito Cruzados.
-En el evento que por cualquier causa o motivo imputable a “El jugador” y/o a su Agente, y durante todo el tiempo en que se encuentre vigente el presente acuerdo, el jugador quedare con el pase en su poder, perjudicando con ello los intereses económicos de Cruzados, el jugador quedará –por ese solo hecho- obligado a pagar al C.D.U.C., a modo de indemnización de perjuicios, la suma de US$ 500.000.(Quinientos mil dólares de los Estados Unidos de Norteamérica).
Ante esta situación Gustavo hizo lo mismo que José Pedro Fuenzalida en su momento: se "retiró" del fútbol para ir a jugar a una liga semiprofesional de Estados Unidos. Lo interesante de este contrato es que era completamente privado, no informado a la ANFP, no ingresado en los registros de la FIFA. Se suscribía de manera particular entre el jugador y Cruzados, sin pasar por los controles habituales del fútbol profesional chileno. No sabemos si este tipo de contrato estará vigente, pero es un buen ejemplo de cómo funcionan las cosas. Como se intuye, la carrera de Gustavo no llegó muy lejos.