Universidad de Chile consiguió una victoria que vale tres puntos, pero que deja más dudas que certezas. En un Estadio Nacional que esperaba una reacción tras las derrotas consecutivas y el partido postergado ante O'Higgins, el equipo de Fernando Gago mostró una versión preocupante frente a un Deportes Concepción que llegaba como subcolista y que por momentos hizo ver incómodos a los azules. El resultado final fue 2-1, pero la sensación estuvo lejos de ser tranquilizadora.
La apertura de la cuenta llegó mediante un penal convertido por Eduardo Vargas a los 23 minutos. Sin embargo, pese al dominio territorial y la alta posesión de balón, la U nunca logró transformar ese control en una superioridad real. Los azules circularon el balón, pero generaron pocas ocasiones claras y dejaron espacios para que el conjunto penquista creciera en confianza con el paso de los minutos.
Las señales de fragilidad aparecieron antes del descanso con errores defensivos y malas decisiones en la salida. En una de ellas, Gabriel Castellón y la defensa estuvieron cerca de regalar el empate tras una acción que encontró a Joaquín Larrivey presionando. Lo que parecía una advertencia terminó convirtiéndose en realidad en el segundo tiempo, cuando Mario Sandoval sacó un potente remate para establecer el 1-1 a los 59 minutos y silenciar al Nacional.
La igualdad desnudó nuevamente los problemas de un equipo sin claridad colectiva. Incluso hubo tensión interna cuando Franco Calderón y Javier Altamirano protagonizaron un cruce entre compañeros en medio de los reclamos tras una infracción. La imagen reflejó el momento de nerviosismo que atravesaba un equipo que veía cómo otro resultado negativo comenzaba a acercarse peligrosamente.
La expulsión de Diego Carrasco a los 74 minutos parecía abrirle el camino a la U, pero ni siquiera con un hombre más el equipo encontró respuestas futbolísticas convincentes. Cuando el encuentro se encaminaba a una nueva decepción, apareció el hombre que cambió la historia. A los 83 minutos, Eduardo Vargas sacó un golazo para firmar su doblete y rescatar a un equipo que había quedado atrapado en sus propias limitaciones.
El triunfo permite a Universidad de Chile cortar una racha negativa y sumar oxígeno en la tabla, pero el análisis futbolístico es mucho menos alentador. Ante un rival que pelea en la zona baja y que jugó el tramo final con diez hombres, la U volvió a mostrar falta de funcionamiento, escasa generación ofensiva y una preocupante dependencia de las individualidades. Esta vez la salvó Eduardo Vargas. La próxima, quizás, no alcance con que aparezca el héroe de siempre.