El fútbol chileno vuelve a instalar un viejo debate: el regreso de los hinchas visitantes a los clásicos. Esta vez fue el delegado presidencial de la Región Metropolitana, Germán Codina, quien abrió la puerta a una política que durante años pareció imposible en Chile. La autoridad aseguró que la intención es avanzar hacia encuentros con ambas hinchadas y “devolver el fútbol a las familias”, en medio de una creciente presión por normalizar espectáculos que hoy se juegan bajo estrictas restricciones.
La declaración aparece en un contexto donde las autoridades han endurecido las medidas para partidos catalogados de alto riesgo. En los últimos años se hicieron habituales los clásicos sin público visitante, los aforos reducidos y las restricciones horarias, especialmente en encuentros de Colo Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica. Incluso en competiciones internacionales, como ocurrió con el duelo entre la UC y Boca Juniors por Copa Libertadores, la presencia de hinchas visitantes se transformó en una larga negociación entre clubes, Carabineros y la Delegación Presidencial.
De hecho, el propio Codina fue protagonista hace algunas semanas al autorizar el ingreso de 2.000 hinchas de Boca Juniors al Claro Arena, aunque condicionado a un fuerte operativo de seguridad, segregación de barras y controles adicionales. La medida fue presentada como una señal de apertura, pero también dejó claro que el retorno masivo de visitantes todavía depende de exigencias logísticas y de seguridad extremadamente complejas.
Ahí aparece la gran duda: ¿es una promesa concreta o simplemente una declaración simbólica? Porque el historial reciente del fútbol chileno muestra exactamente lo contrario. En varios clásicos recientes se optó por eliminar a la barra visitante como fórmula rápida para reducir riesgos, mientras los episodios de violencia, lanzamiento de fuegos artificiales, invasiones y enfrentamientos siguen siendo parte del panorama habitual. Incluso partidos internacionales terminaron con advertencias de Conmebol y tensiones políticas por la organización de los operativos.
Además, el problema excede a la voluntad de una autoridad. La decisión involucra a clubes, Carabineros, ANFP, municipios y organismos de seguridad. También depende de infraestructura adecuada, registros efectivos de hinchas y capacidad real de control en estadios que muchas veces ni siquiera cumplen con estándares modernos de segregación. En ese escenario, hablar de clásicos con visitantes suena más cercano a un objetivo de largo plazo que a una realidad inmediata.
La frase de “devolver el fútbol a las familias” apunta a una idea potente y popular. Pero en Chile, donde durante años se normalizó jugar clásicos sin visitantes como solución de emergencia, el verdadero desafío no es anunciarlo, sino sostenerlo en el tiempo sin que el primer incidente vuelva a derribar todo el discurso.