Universidad de Chile comienza a dejar atrás semanas complejas y, con dos triunfos consecutivos bajo la conducción de Fernando Gago, instala un nuevo escenario futbolístico y anímico. La goleada ante Deportes La Serena no solo significó sumar puntos, sino también evidenciar un cambio profundo en el funcionamiento del equipo, algo que fue reconocido abiertamente por referentes del plantel.
Uno de los que tomó la palabra fue Eduardo Vargas, quien marcó distancia con el ciclo anterior y dejó clara la sensación interna del grupo tras la salida de Francisco Meneghini. “Cambiamos de chip… lo que pasó con el entrenador ya pasó”, sostuvo el delantero, instalando la idea de un corte definitivo con el proceso previo y enfocando al plantel en el presente.
En la misma línea, Matías Zaldivia también apuntó al cambio de funcionamiento, validando lo que se ve en la cancha. “Claramente hoy somos un equipo más…”, afirmó el defensor, en una frase que resume el nuevo momento azul y que refuerza la percepción de un equipo más ordenado, competitivo y con una identidad más clara.
Las declaraciones no son aisladas. Por el contrario, reflejan un discurso compartido dentro del camarín, donde se reconoce que el equipo logró reorganizarse tras un inicio de temporada marcado por la irregularidad, las dudas tácticas y los cuestionamientos al armado del plantel. El arribo de Gago no solo trajo resultados inmediatos, sino también una sensación de mayor claridad en el juego y en los roles dentro del equipo.
En ese contexto, también comienzan a aparecer señales de renovación. Durante el duelo ante La Serena, un gesto no pasó desapercibido: el abrazo entre Gago e Ignacio Vásquez. El joven futbolista empieza a ganar espacio y confianza, convirtiéndose en uno de los primeros nombres impulsados por el nuevo entrenador, en una muestra de que el proceso no solo apunta a corregir el presente, sino también a proyectar el futuro.
Así, la U no solo celebra dos triunfos consecutivos, sino que instala un nuevo relato: el quiebre con el ciclo de Meneghini ya es asumido por el propio plantel y, con Gago al mando, el equipo comienza a reconstruir su identidad dentro y fuera de la cancha.