La influencia de Gustavo Álvarez al mando de la Universidad de Chile es indudable. Devolvió a los azules a los puestos de protagonismo, alcanzando el título de la Copa Chile 2024 y haciendo una buena campaña en el ámbito internacional, trepando hasta los cuartos de final de la Copa Sudamericana. Pero, lejos de vivir su momento más dulce, el presente del argentino no es del todo tranquilo.
"El objetivo no es otro que ser campeón", admitió el propio Álvarez a comienzos de agosto. Un mes más tarde las derrotas de local ante Cobresal, Audax Italiano y la dura caída ante Colo Colo en la última versión del superclásico lo tienen 15 puntos atrás del líder Coquimbo Unido. Panorama que a ocho fechas del cierre del campeonato hacen prácticamente imposible que los azules corten una racha sin títulos de liga desde el 2017.
A los preocupantes resultados dentro de la cancha no son pocas las voces que hablan de una lejanía entre el estratega y los principales dirigentes del club. Rumores que quedaron de manifiesto en los días previos a la supercopa: mientras que desde Azul Azul buscan suspender el partido, el entrenador se mantuvo firme en la postura de jugar el compromiso para no llegar con falta de ritmo al choque frente a Alianza Lima.
Más bullados fueron sus constantes reclamos públicos en la tardanza de los fichajes de cara al segundo semestre, con el caso de Eduardo Vargas como el que más tensionó las aguas en el CDA. “Siempre sostuve que los tiempos de mercado los entiendo y respeto, pero los entrenadores tenemos urgencias también“, declaró hace un par de meses.
Si bien es cierto que el malestar no es general, la tranquilidad que se respiraba en la Universidad de Chile a comienzos del 2025, hoy es menor. Alianza Lima aparece como un escollo complicado en la Copa Sudamericana, con los ojos del continente puestos en los chilenos luego del escándalo de Avellaneda consumado. Antes de viajar a Lima, Gustavo Álvarez y la Universidad de Chile intentarán no abrir un nuevo flanco en el irregular semestre azul.