La mañana del lunes 4 de mayo dejó una imagen que hace algunos años parecía imposible en Universidad de Chile: funcionarios de la Fiscalía Oriente ingresando al Centro Deportivo Azul para realizar diligencias vinculadas al caso Sartor. El allanamiento al CDA, sumado a los procedimientos en el domicilio de Michael Clark y otras sociedades relacionadas, terminó por transformar la crisis de Azul Azul en un escándalo institucional de proporciones mayores.
Pero detrás de la figura visible de Clark existe otro nombre que atraviesa silenciosamente toda la historia reciente de la concesionaria: Cristián Aubert. Un dirigente que ha logrado mantenerse dentro de la estructura de poder de Universidad de Chile pese a los cambios de controlador, las crisis deportivas, el desgaste político y ahora también las investigaciones que rodean al grupo Sartor.
Porque mucho antes de que Michael Clark apareciera públicamente como presidente de Azul Azul, Aubert ya operaba dentro del club. Primero bajo la administración de Federico Valdés y luego consolidado durante la era de José Yuraszeck, el abogado fue acumulando influencia hasta transformarse en una de las piezas más relevantes de la concesionaria. Pasó por distintas funciones ejecutivas, tuvo incidencia en decisiones deportivas y terminó convirtiéndose en presidente de Azul Azul en uno de los períodos más críticos de la institución.
Sin embargo, el rol más sensible de Aubert no estuvo necesariamente en la cancha. Estuvo en la transición del poder. Fue él quien acompañó y facilitó el proceso mediante el cual Carlos Heller terminó cediendo el control de la concesionaria al grupo ligado a Sartor. De hecho, cuando Michael Clark asumió oficialmente la presidencia de Azul Azul el 30 de septiembre de 2021, Aubert no salió realmente de la estructura: renunció a la testera, pero se mantuvo como director y asumió como director ejecutivo, encargado de materias relativas a la gestión diaria de la sociedad.
Ese movimiento nunca fue interpretado como una salida real. Por el contrario, fue leído como una continuidad operativa del mismo modelo de control. Mientras Clark aparecía como la nueva cara visible del proyecto, Aubert seguía manejando parte importante del funcionamiento interno de Azul Azul y manteniendo influencia directa en las decisiones estratégicas de la concesionaria.
Con el paso del tiempo, además, comenzaron a aparecer versiones mucho más delicadas respecto de su verdadero rol durante la venta del club. En agosto de 2023, el periodista Fernando Tapia reveló públicamente antecedentes que tensionaron aún más la imagen del ex presidente azul. Según relató en ese momento, Rodrigo Goldberg le aseguró que Aubert “atornilló al revés” durante su etapa en la administración deportiva del club, filtrando decisiones o bloqueando medidas impulsadas desde la gerencia deportiva mientras Carlos Heller ya evaluaba vender la institución.
Tapia fue incluso más allá. Afirmó que el contrato de venta hacia Sartor “solo se hacía efectivo si Aubert era presidente de Azul Azul”, instalando la idea de que el dirigente no fue un actor secundario en la operación, sino una pieza fundamental para garantizar la llegada del nuevo controlador. Además, sostuvo que Aubert maneja información sensible respecto de quiénes estaban realmente detrás de la compra de Azul Azul, una interrogante que durante años ha rodeado al club y que hoy vuelve a tomar fuerza tras las investigaciones por el caso Sartor.
La gravedad del escenario actual hace todavía más incómoda su permanencia dentro de la estructura dirigencial. Porque mientras Michael Clark quedó expuesto públicamente tras las diligencias judiciales y las investigaciones de la CMF, Aubert continúa formando parte del directorio de Azul Azul. Sigue ahí. En silencio. Sin declaraciones públicas relevantes. Sin asumir costos políticos visibles. Pero todavía dentro del corazón de la concesionaria.
Y eso es precisamente lo que hoy empieza a generar ruido incluso dentro del entorno azul. Porque el allanamiento al CDA no solo golpeó a Clark o a Sartor. También volvió a abrir la discusión sobre cómo se construyó el actual control de Universidad de Chile y quiénes facilitaron ese proceso desde dentro del propio club.
La figura de Aubert aparece inevitablemente en ese recorrido. No solo por haber sido presidente en uno de los períodos más oscuros de la institución —cuando la U estuvo al borde del descenso en 2021— sino porque además fue el puente entre la administración de Carlos Heller y el grupo que hoy enfrenta investigaciones financieras, cuestionamientos regulatorios y una crisis de legitimidad sin precedentes.
En medio de todo ese escenario, Aubert sigue sentado en el directorio de Azul Azul. Como si nada hubiera pasado. Como si el derrumbe institucional que hoy rodea al club no tuviera relación con una estructura de poder que él ayudó a construir desde adentro.