Boca planteó un duelo de roce, sin espacios, haciendo sentir la marca en cada dividida. A los 7' ya hubo una entrada muy ruda sobre Giani, que provocó empujones, tumulto y griterío. La UC no podía avanzar en el campo. Siempre iba un jugador a tierra. Y en el rifirrafe, profundizó Boca y Paredes la clavó en el ángulo inferior derecho de Bernedo tras un mal rechazo de Díaz (16').
Con el 1-0 a favor, el cuadro xeneize sacó todo su repertorio: provocar, entorpecer y crispar a una Universidad Católica que le costaba subir los peldaños de rendimiento que implica jugar la Copa. Boca tenía la pelota y el control territorial. La presión era demasiado evidente sobre los hombres de Garnero. Sólo la potencia y velocidad de Montes provocaba alguna inquietud en el fondo argentino. Y pudo llegar el segundo, Ascacibar metió un sobrepique brutal que Bernedo sacó. Terminado el primer tiempo, la intranquilidad reinaba en el Claro Arena: Católica no podía con la exhuberancia física y el oficio de Boca.
Apenas reanundado el juego, había salido Medel reemplazado por Zuqui, Ampuero salvó un balón en la línea tras una jugada de pizarrón de Boca. En el arco del frente, un desborde de Montes cabeceado por Zampedri, fue sacada con esfurezo por por Brey. Buscando más control del juego, Garnero mandó al campo a Palavecino por Montes. Igual Boca era más profundo y Aranda casi marcó el 2-0. Yo la debacle, taco fallido de Cuevas, xeneizes metieron una contra implacable, centro de Blanco y gol del paraguayo Bareiro a bocajarro (64').
Intentó una reacción Católica, más por instinto que por fútbol, y hasta se generó una peligrosa tras un remate de Yohan Valencia. Cuando parecía asunto concluido, un grosero error de Brey permitió a Juan Ignacio Díaz descontar (83'). De vuelta en el partido, la UC intentó con garra y pocas ideas contra un Boca que por primera vez se inquietó. Levantando balones y a base voluntad y nada de fútbol, los cruzados terminaron sin generar una clara para empatar. No hubo nada más que hacer.