Bastaron un par de líneas escritas por Alexis Sánchez para derrumbar semanas de humo. "Yo no he tenido ningún contacto con nadie... Si volvería a Chile no sería ahora", escribió el goleador histórico de la Roja, cerrando de golpe una historia que durante varios días ocupó portadas, programas deportivos y redes sociales. La ilusión de ver al tocopillano vestido de azul terminó exactamente donde debió comenzar: con la palabra del propio protagonista.
Pero el episodio de Alexis no es un hecho aislado. Es, probablemente, el último capítulo de una secuencia que los hinchas de Universidad de Chile vienen viendo hace meses.
En mayo, el gran tema era el estadio propio. Desde Azul Azul se hablaba de un recinto para 40 mil personas y de que el sueño estaba más cerca que nunca. En junio, la conversación cambió por completo con la crisis institucional que golpeó a la concesionaria tras la salida de Michael Clark de la presidencia y la llegada de Cecilia Pérez.
Luego apareció el famoso "refuerzo bombástico". Primero era un volante central argentino. Después comenzaron las especulaciones sobre un jugador de jerarquía internacional. Finalmente el nombre que terminó instalándose fue el de Alexis Sánchez. El desenlace ya es conocido: el propio delantero negó cualquier contacto con Universidad de Chile y aclaró que un regreso al fútbol chileno no está en sus planes inmediatos.
Mientras tanto, las noticias realmente importantes siguen acumulándose. Esta semana se conoció la declaración ante la Fiscalía de un exdirector de Sartor, quien aseguró que Victoriano Cerda habría participado en el financiamiento de la compra de Azul Azul en 2021. Y el próximo 30 de julio está fijada la formalización del máximo accionista de la concesionaria, en una causa que mantiene bajo cuestionamiento la estructura de propiedad del club.
Ese es el verdadero debate. No si Alexis viene o no viene. No si existe un refuerzo "tapado". No si ahora sí apareció el estadio definitivo. Lo que debería importar es quién controla realmente Universidad de Chile, cómo se financió la compra del club y qué consecuencias tendrán las investigaciones que hoy rodean a la concesionaria.
Porque el problema no es ilusionar al hincha. El fútbol vive de la ilusión. El problema aparece cuando las ilusiones se suceden una tras otra mientras las respuestas sobre los temas de fondo nunca llegan. El estadio, el refuerzo bombástico y Alexis Sánchez pasaron a ocupar la conversación. Las preguntas sobre la propiedad de Azul Azul, en cambio, siguen esperando.
Y quizás esa sea la mayor frustración del hincha azul. No que Alexis haya dicho que no. Sino que, una vez más, el humo terminó ocupando más espacio que el incendio.