Se acabó el oasis en el desierto de la Copa Sudamericana y con ello aparecieron todos los problemas internos en la Universidad de Chile. Claro, si la suma viene con los escasos puntos obtenidos en la segunda rueda, además de apenas marchar en la séptima posición del campeonato antes del choque ante Everton, te habla a todas luces de un panora poco amigable en el CDA. Por eso al banquillo de los acusados aparecen actores relevantes, como lo son los refuerzos de la temporada 2025, un dolor de cabeza para Gustavo Álvarez.
Para luchar por el campeonato y cortar una racha vigente desde el 2017 Azul Azul invirtió en los siguientes nombres: Javier Altamirano, Lucas Di Yorio, Gonzalo Montes, Nicolás Fernández, Nicolás Ramírez, Julián Alfaro y Rodrigo Contreras. Un volante de contención, un enlace, un lateral derecho, un central y tres delanteros fue lo requerrido por la oficina de Manuel Mayo, director deportivo de la U. Sólo Altamirano y Montes fueron transacciones, mientras que lo otros llegaron libres o en una cesión con opción de compra.
Vamos a los fríos números. Javier Altamirano fue el que más minutos sumó en lo que va de temporada y se ratificó como un refuerzo "cumplidor" en la gestión azul, tanto en Copa Libertadores como también en el ámbito local. 40 partidos jugados que lo consolidaron en el 11 de Álvarez, pero en el que tampoco tuvo un peso tan grande en las estadísticas ofensivas: 7 goles y 3 asistencias para el volante ofensivo que, dentro de todo, aprobó como refuerzo.
Lucas Di Yorio fue el otro que ganó camiseta desde su llegada. Su inversión, un préstamo con opción de compra, lo convirtió en apellido más caro de la planilla mensual. 38 partidos y 13 goles es el registro del ex delantero de Everton. Fue clave en el debut ante Botafogo y también en la visita a Independiente, pero su falta de efectividad también está en el tapete. Aprobado con algunos detalles el centrodelantero.
De ahí en más sólo números al debe. Nicolás Fernández suma 19 partidos jugados, pero con menos del 20% de los mintuos posibles en cancha. Julián Alfaro apenas alcanzó a disputar 331 minutos antes de partir a préstamo a Everton y Nicolás Ramírez, aquejado de lesiones, pasó de ser indiscutido en la línea del fondo a perder el puesto con un improvisado Fabián Hormazábal.
El caso de Rodrigo Contreras fue más enigmático aún. A pesar de contar con buenas rachas de goles, no marca desde agosto ante Unión Española y en los últimos cinco compromisos suma la poca decorosa cantidad de un minuto jugado en total. El delantero, ex ruletero, está fuera de los planes del club para el 2026, sumándose a la lista de fracasos en el mercado de fichajes.
Gonzalo Montes es el más llamativo de todos. Fue pedido expresamente por Gustavo Álvarez y comprado a Huachipato a pesar de una temporada 2024 lejos de su mejor versión. Y en la U, obvio, tampoco anduvo: jugó un 13% de los minutos posibles de la primera rueda, un 20% en Copa Libertadores y un 49% en Copa Chile. Nunca fue capaz de agarrar la camiseta en un medio campo en el que el entrenador terminó desechándolo. Para peor, un grosero error suyo le costó a la U un empate ante Ñublense en el arranque del declive de la segunda rueda. Todo eso se tradujo en su salida al Montevideo City Torque.
A mitad de año Azul Azul volvió a apostar por dos extranjeros. Felipe Salomoni llegó a préstamo desde el Guaraní de Paraguay y poco a poco se ganó un espacio. Particularmente en labores ofensivas es un buen factor y supo reemplazar, sin ganarle la titularidad, a Matías Sepúlveda por esa banda. Sebastián Bigote Rodríguez apareció como la solución al vacío dejado por Montes, pero tampoco dio el ancho. Apenas un puñado de titularidades y minutos en cancha antes de que sufrir la misma suerte: quedar fuera de las convocatorias.
Elección de refuerzos que, otra vez, queda al debe desde el CDA. Si en 2024 fueron los casos de Luciano Pons, Antonio Días o Fabricio Formiliano, en 2025 esa lista se extiende aún más. Incapacidad ecónomica o simplemente no ponerse la mano en el bolsillo, uno de los grandes probles de una Universidad de Chile con un plantel carente de figuras.