Era una fiesta cruzada hasta la médula, Universidad Católica organizó el Adiós Capitanes en el flamante Claro Arena para homenajear a tres ídolos que en los últimos años se habían retirado del fútbol: Cristián Álvarez, Milovan Mirosevic y José Pedro Fuenzalida. Una jornada con veinte mil personas en las tribunas y sobre la cancha figuras de todas las épocas con Alberto Acosta, Gerardo Reinoso, Ricardo Lunari, Luciano Agued o Rodrigo Valenzuela. Entre ellos, jugadores del actual plantel como Fernando Zampedri o Gary Medel.
En el listado de figuras de antaño se contaba al arquero Patricio Toledo. Quién, con 63 años, se ubicó en uno de los pórticos. Apenas once minutos de juego y Toledo se desvaneció siendo atendido por Gerardo Reinoso, quien le hizo respiración boca a boca y Cristián Álvarez, quien realizó masajes cardíacos. Estaba sufriendo un infarto al miocardio que obligó a llevarlo directo del césped a la Clínica de la Universidad Los Andes. Toledo debió ser operado de una angioplastía pues tenía una arteria obstruida. Según su mujer, Ely Serrano, las próximas 72 horas serán críticas para su recuperación, aunque el ex arquero está consciente.
Para muchos hinchas de Universidad Católica menores de treinta años el nombre de Patricio Toledo es algo lejano, confundido entre las grandes figuras que tuvo el equipo en los noventa. Apareció en una gran camada de juveniles en San Carlos de Apoquindo, cuando era "puro campo" y dos canchas de pasto, en 1982. Se valoraba su buena estatura (1.84), gran potencia de piernas, seguridad de manos y plasticidad. En Católica se le tenía como "el arquero del futuro". Los primeros años fueron duros, inclinándose los entrenadores del club por Leonardo Canales o Marco Cornez, relegando a Toledo a la suplencia. En 1986 fue cedido a Everton a préstamo y al años siguiente a Unión Española. Su momento llegó en 1989, con Andrés Prieto en la banca y, sobre todo, en 1990 cuando llegó al primer equipo Fernando Carvallo.
Fue la mejor época de Toledo, siendo titular permanente en el arco cruzado y ganándose un lugar en la selección chilena. Un amistoso en Irlanda donde el Pato tuvo buena actuación y las dudas de Cornez antes de la Copa América 1991, pusieron a Toledo de titular en dicho torneo. Ahí tuvo muy buenas actuaciones contra Perú (4-2), Paraguay (4-0) y sobre todo el empate 0-0 con Argentina en ronda final. Para muchos fue el mejor arquero del torneo.
En las siguientes temporadas continuó como titular en Universidad Católica, alternando buenas y malas actuaciones. El regreso de Ignacio Prieto a la banca significó un duro golpe, pues Tribilín prefirió la veteranía de Óscar Wirth para jugar la Copa Libertadores 1993, donde los cruzados fueron subcampeones, a la irregularidad de Toledo. Así como era un espectáculo descolgar balones y el gran dominio del área para salir a cortar centros, tal vez el mejor en la historia del arco chileno, siempre tuvo un talón de Aquiles: el primer palo. Goles en Copa Libertadores y en la selección, como el de Chamot en una amistoso contra Argentina en 1994, complicaron mucho su imagen ante los hinchas.
Cuando Pellegrino tomó la banca cruzada en 1994, optó por el ascendente Nelson Tapia, relegando a Toledo a la banca una vez más. Esto no impidió que jugara gran cantidad de partidos, incluso Copa Libertadores. En 1997 fue a Temuco, luego pasó a Santiago Wanderers y se retiró en Coquimbo Unido en 1999. Posterior a su despedida de los arcos trabajó como preparador de arqueros, donde tuvo una muy buena relación con Johnny Herrera cuando éste defendió el arco de Audax el 2010.