Las recientes declaraciones de Pablo Milad volvieron a instalar la incertidumbre en torno al futuro de la selección chilena adulta. El presidente de la ANFP reconoció que no existe una fecha clara para la llegada de un nuevo director técnico, una definición que seguirá abierta en un calendario marcado por la ausencia de competencia oficial durante buena parte de 2026. La señal es clara: hoy no hay un cronograma establecido para el siguiente ciclo de la Roja.
En ese escenario de indefinición, el nombre de Nicolás Córdova aparece como la alternativa más estable dentro de la estructura vigente. El actual responsable del área de selecciones juveniles ha ido sumando respaldo interno, especialmente desde la gerencia de Selecciones, encabezada por Felipe Correa. Al interior de la ANFP, Correa es señalado como el principal defensor de la continuidad y proyección del trabajo de Córdova, al considerarlo una pieza clave de un proceso formativo que podría extenderse de manera natural al primer equipo.
La postura de Correa no es nueva. Desde su llegada a la ANFP, el gerente ha impulsado una lógica de continuidad entre las selecciones menores y la adulta, apostando por procesos largos y alineados metodológicamente. En esa visión, Córdova representa un perfil conocido, con manejo interno y conocimiento del fútbol local, lo que facilita su permanencia en un período donde no existen urgencias competitivas inmediatas.
Milad, en tanto, ha evitado cerrar puertas o comprometer plazos. La conducción del tema entrenador queda supeditada tanto al escenario institucional como al calendario político de la ANFP, donde las definiciones estructurales parecen postergadas. Mientras no haya un nombre consensuado ni un plazo definido, la opción de prolongar el interinato cobra fuerza de manera práctica.
Así, más que una decisión formal, el avance del proyecto Córdova responde a la falta de alternativas concretas y al apoyo que encuentra en la gerencia de Selecciones. Sin anuncios ni certezas, la selección chilena transita un período de transición extendida, donde el respaldo interno pesa más que una definición pública y el tiempo se transforma en el principal aliado de la continuidad.