El ambiente en Universidad de Chile volvió a agitarse tras las declaraciones de Gustavo Álvarez, quien en conversación con El Mercurio alzó la voz frente a lo que considera una operación interna para debilitar su imagen ante la hinchada. “Alguien quiso ponerme en contra de la gente de la U”, dijo el entrenador, visiblemente molesto por las versiones que lo vinculan a la selección de Perú y por la falta de respaldo de la dirigencia.
El quiebre con Azul Azul viene gestándose hace semanas. Según diversas fuentes, la distancia comenzó luego del duelo ante Alianza Lima, cuando el representante del técnico mantuvo contactos con dirigentes peruanos, justo en plena celebración por la clasificación azul. Esa situación fue interpretada en la concesionaria como una falta de compromiso y generó malestar interno. A ello se sumó la fallida gestión por el regreso de Eduardo Vargas, una solicitud pública del DT que fue desestimada por la mesa directiva mientras el delantero cerraba su fichaje con Audax Italiano.
En su entrevista, Álvarez negó tajantemente cualquier acercamiento con la federación peruana. “Yo no he recibido ofertas de nadie. Cuando hay algo, siempre pasa por mi representante”, aclaró. Luego fue más allá: “Lo que me duele es que hicieron ver como si yo me quisiera ir por una cifra millonaria, y eso es falso. No entiendo el interés detrás de todo esto”. Su respuesta busca desmentir las filtraciones que lo situaban en conversaciones con Lima y que, según su entorno, habrían provenido de sectores ligados a la propia dirigencia universitaria.
Desde Azul Azul no hubo respuestas directas, aunque después del partido ante Palestino el presidente Michael Clark apuntó a una “operación mediática” impulsada por “periodistas colocolinos”, intentando desviar la tensión fuera del club. Sin embargo, puertas adentro reconocen que la relación con el entrenador se ha deteriorado, y que su continuidad más allá de fin de año ya no está garantizada pese al contrato vigente hasta 2026 y una cláusula de salida que bordea el millón de dólares.
Un ambiente completamente minado, mientras tanto, la U intenta sostener el pulso en la parte alta de la tabla, con la semifinal de la Copa Sudamericana a la vuelta de la esquina. Álvarez, que llegó con perfil bajo y resultados sólidos, hoy enfrenta un escenario cada vez más tenso, donde la desconfianza parece haber reemplazado a la convicción que alguna vez unió al técnico con sus jefes.