El 24 de julio Alexis Sánchez necesitó apenas un par de líneas para derrumbar semanas de especulaciones sobre su eventual llegada a Universidad de Chile. “Yo no he tenido ningún contacto con nadie”, escribió. Y para que no quedaran dudas, agregó: “Si volvería a Chile no sería ahora”. Parecía el final de la historia. Pero no lo fue.
Solo tres días después, el 27 de julio, Cecilia Pérez decidió volver a abrir una puerta que el propio futbolista ya había cerrado. “Qué ganas, qué gusto y qué sueño sería que Alexis llegara a nuestro club. Sería maravilloso”, aseguró públicamente la presidenta de Azul Azul. Y no se quedó ahí.
“Si se puede dar, bueno, se dará”, agregó Pérez, antes de señalar que si Alexis tenía oportunidades en otros mercados las respetarían y esperarían “el momento para que pueda eventualmente terminar su carrera en Chile”. La cronología resulta difícil de ignorar. El jugador había negado cualquier contacto con Universidad de Chile y había dicho expresamente que no contemplaba volver al país. Tres días después, la máxima autoridad de la concesionaria mantenía viva ante los hinchas una posibilidad que el propio protagonista había descartado.
Es justamente ahí donde reaparece una historia que en La Hora de King Kong advertimos hace algunas semanas: Azul Azul y su particular capacidad para instalar grandes sueños mientras alrededor de la concesionaria se acumulan problemas mucho más importantes.
Primero fue el estadio para 40 mil personas. Después apareció el denominado “refuerzo bombástico”. Más tarde llegó Alexis Sánchez. Y cuando el propio delantero apagó el incendio, desde la dirigencia volvieron a echarle combustible a una historia que parecía terminada.
El problema nunca fue que Alexis Sánchez decidiera seguir su carrera lejos de Universidad de Chile. Tampoco que un fichaje de semejante magnitud finalmente no pudiera concretarse. El problema es haber mantenido viva una expectativa cuando el principal involucrado ya había sido categórico respecto de su futuro.
Porque esta vez ni siquiera se puede argumentar que todo nació exclusivamente desde rumores de prensa. Después del desmentido de Alexis hubo palabras públicas de la presidenta de Azul Azul que permitieron que el sueño continuara respirando.
Mientras tanto, la concesionaria atravesaba una de las crisis institucionales más graves de su historia, con Michael Clark enfrentando la formalización del Caso Sartor y una investigación que terminaría poniendo bajo la lupa la propiedad y el financiamiento del controlador de Universidad de Chile. Por eso la historia de Alexis hoy adquiere otro significado. Ya no se trata de un fichaje frustrado. Se trata de cómo se construye el relato hacia el hincha.
El 24 de julio Alexis dijo que no había hablado con nadie y que no regresaría a Chile. El 27, Cecilia Pérez respondió hablando de sueños, posibilidades y de esperar el momento indicado. Dos semanas después, queda una pregunta bastante más incómoda que saber dónde jugará Alexis Sánchez: si el propio futbolista ya había cerrado la puerta, ¿por qué Azul Azul decidió volver a abrirla? Porque el humo puede durar algunos días. Las declaraciones, en cambio, quedan.