Pagar casi $700 mil por un abono de temporada, sumar otros $84 mil para asegurar los mismos asientos en la Copa Libertadores y, aun así, no poder ceder una entrada a un amigo. Ese es el reclamo que un abonado de Universidad Católica hizo llegar a este medio, apuntando directamente contra las políticas de Cruzados y PuntoTicket.
Según relata, a fines de 2025 compró dos abonos para toda la temporada 2026 por un total de $689.800, beneficio que incluía la Liga de Primera, la Copa de la Liga y la primera fase de la Copa Libertadores. Gracias a esa condición de abonado tuvo prioridad para adquirir las entradas de los octavos de final frente a Estudiantes de La Plata, desembolsando otros $84.000 para mantener exactamente los mismos asientos.
El problema apareció apenas 24 horas después de la compra. Su hijo, a cuyo nombre estaba emitida una de las entradas, confirmó que no podría asistir al encuentro por un viaje programado. La solución parecía sencilla: reasignar ese ticket a otra persona, tal como ocurre con los abonos durante la temporada.
Sin embargo, tanto PuntoTicket como Cruzados le respondieron que eso no era posible porque las entradas eran nominativas e intransferibles, por lo que el asiento debía permanecer a nombre del titular original y no podía ser utilizado por nadie más.
Lo que el hincha cuestiona es la aparente contradicción del sistema. Durante todo el año, Cruzados incentiva a los abonados a liberar o reasignar sus asientos cuando no asistirán a un partido. Incluso envía correos electrónicos promoviendo esta práctica para evitar butacas vacías y recordando que los abonados deben alcanzar un porcentaje mínimo de asistencia si quieren renovar su membresía la temporada siguiente.
"¿Por qué sí se puede reasignar un asiento incluido en el abono, pero no una entrada de Copa Libertadores comprada precisamente gracias a ese mismo abono?", es la pregunta que plantea el afectado.
El reclamo también apunta a que no está solicitando una devolución de dinero ni pretende revender la entrada. Simplemente quiere que un asiento ya pagado pueda ser ocupado por otra persona, evitando que quede vacío en un partido internacional de alta convocatoria.
Para el abonado, el problema no responde a una limitación técnica del sistema, sino a una política comercial que termina perjudicando justamente a quienes hicieron el mayor esfuerzo económico para acompañar al club durante toda la temporada.
Ahora la pelota queda en el lado de Cruzados. La gran interrogante es si esta diferencia entre el funcionamiento de los abonos y las entradas para la Copa Libertadores responde a una exigencia de Conmebol, a una decisión de seguridad o simplemente a una política interna del club. Mientras no exista una explicación clara, la sensación entre algunos abonados es que el sistema ofrece flexibilidad cuando conviene, pero la restringe cuando el hincha ya pagó.