El empate sin goles con Uruguay sirvió para dibujar una sonrisa en Pablo Milad y para que Nicolás Córdova tuviera una rueda de prensa tranquila. Nada más. Las famosas “conclusiones” deben transitar condicionadas. La Celeste jugó con freno de mano, ensayando algunas mecanizaciones, evitando el roce y dejando correr los minutos sin mayor apremio. Ante ese rival contenido, Chile pareció más equilibrado con línea de cuatro, la incorporación de Echeverría y los chispazos de Cepeda.
Un equipo prolijito, ordenado, con buena dinámica y cero poder de gol. Lo de Ben Brereton da para otra columna. En definitiva, un partido tranquilo, que se pudo ganar, donde algunos hombres, caso Hormazábal, demostraron que pueden funcionar, que no devuelven la camiseta.
Sería una jornada más en Ñuñoa, como cientos, empate con un rival linajudo, donde incluso se pudo ganar y se rescatan algunas individualidades. Mañana será otro día… El problema es que no era un partido más. Se trataba del último capítulo de las peores eliminatorias en la historia del fútbol chileno, acaso, el momento más bajo en los 130 años que tiene la Federación.
Últimos en la Conmebol, a nueve puntos del repechaje y a 17 de la clasificación directa hablan de un equipo que no solo dejó de competir, sino que ni siquiera entra en el cuadro. Recuerdo la fotografía que se sacaron los presidentes de la Conmebol con sus similares de España, Portugal y Marruecos más Gianni Infantino en Paraguay hace un tiempo. El motivo era la firma del documento que oficializaba el Mundial 2030. A un costado, casi saliendo del retrato, estaba Pablo Milad. Lo habían dejado fuera entre gallos y medianoche. Gran metáfora de lo que es la selección chilena en este momento.
En fin, la pregunta que viene a continuación es previsible ¿Ahora qué? Las fórmulas generales ya las conocemos y fueron insinuadas por Córdova el martes en el Nacional: proceso, trabajo con inferiores, selecciones compitiendo, biotipos, análisis de datos… Nada nuevo. El tema de fondo es otro: mientras el fútbol chileno no cambie de raíz, es decir, que todos los esfuerzos se concentren en hacer rendir los derechos de televisión con un mínimo costo, todas esas ideas tan lindas que señaló el entrenador serán apenas intenciones sin destino.
Si la ANFP sigue administrada por representantes de jugadores, prestamistas, especuladores financieros y bobos, esto no tiene salida. Se podrán hacer cónclaves, análisis, declaraciones, planes, pero todo sigue tal cual. Un consejo de presidentes enfocado en jugar lo menos posible, pagar el mínimo y de cobrar su cheque de TNT. Con esa mentalidad es mejor que pongan un minimarket y dejen el fútbol tranquilo.