La eliminación de Universidad de Chile de la Copa Sudamericana tras caer 2-1 ante Palestino dejó más preguntas que respuestas, pero una certeza: el entrenador de la U no está a la altura del cargo y se demoró poco en demostrarlo. Las decisiones de Francisco Meneghini, un técnico que a lo largo de la temporada ha insistido en experimentos que terminan pasando la cuenta, sufrió su primer gran fracaso. Si no fuera por ese triunfo en el Monumental, estaría colgando en su cargo.
El partido ante los árabes fue otro ejemplo, con jugadores que no habían aparecido hasta hoy y que asomaron con refrescos. Nicolás Fernández apareció como lateral derecho y terminó siendo expuesto en el sector que defendía. En ambos goles de Palestino, César Munder logró superarlo con claridad por esa banda, jugadas que terminaron inclinando el encuentro a favor del cuadro visitante.
La decisión de mover esa zona de la cancha resulta difícil de entender. Fabián Hormazábal venía siendo una de las piezas más estables del equipo durante las últimas dos temporadas y parecía relativamente cómodo en ese sector. Sin embargo, Meneghini optó por modificar la estructura y el cambio terminó debilitando una banda que había sido confiable.
A eso se sumó otra determinación que generó cuestionamientos: ubicar a Charles Aránguiz como volante de contención, alejándolo de su posición natural, mientras en el plantel existen futbolistas que se desempeñan habitualmente en ese rol.
Lo ocurrido apenas unos días antes en el Estadio Monumental, en la victoria ante Colo Colo, parecía haberle dado algo de oxígeno al proceso. Sin embargo, lo mostrado ante Palestino también deja la sensación de que aquel triunfo fue más bien un hecho circunstancial. En Macul se enfrentaron dos equipos de muy bajo nivel futbolístico y la U terminó resolviendo el partido gracias a una jugada de balón detenido aprovechado por Matías Zaldivia.
Por eso la eliminación internacional vuelve a instalar la discusión de fondo. Porque más allá de un resultado puntual, el equipo sigue sin mostrar una idea clara de juego. Y en un club de la exigencia de Universidad de Chile, esa falta de convicciones termina siendo demasiado evidente.