Será tema de debate para los analistas: España ha logrado el mejor rendimiento defensivo en la historia de los mundiales con laterales que atacan y zagueros centrales que no golpean. Un sólo gol en ocho partidos, pero los números en defensa son más brutales en todavía: sólo recibió nueve remates al marco en todo el campeonato, un promedio apenas superior a uno por duelo.
En los ocho partidos, hubo dos en que Unai Simón no debió atajar un solo remate directo (Austria y la final, Argentina); cuatro donde sólo detuvo un balón al marco (Portugal, Uruguay, Arabia Saudita y Cabo Verde); frente a Bélgica tuvo dos remates a su portería, uno fue gol y contra Francia, lejos la delantera con más potencia goleadora del Mundo, apenas tres remates acertaron el marco de Simón y ninguno revistió peligro real. Impresionante.
Lo más destacado es que España se defiende bien con armas limpias. Sus laterales, Porro y Cucurella, atacan tanto como defienden, con un recorrido muy amplio pero siempre aplicados, siendo muy buenos en el anticipo, lectura del juego, y muy aguerridos en el mano mano (ganando la gran mayoría de los duelos).
Los zagueros, Cubarsí y Laporte, dieron una clase de ubicación y anticipo. Prácticamente no golpearon, en la final no cometieron una sola falta, además de ganar casi todos los duelos aéreos y proveer una salida limpia a ras de piso. Cubarsí rompió líneas contra Bélgica y generó el segundo gol con un remate sorpresivo y violento de media distancia. Contra Argentina hizo lo mismo, provocando una jugada clarísima de gol. Laporte, por su lado, se sumaba como un volante más, logrando superioridad numérica en medio terreno.
Claro que el rendimiento defensivo de España no se puede separar del control del balón, que reducía mucho la posibilidad que la atacaran, y el pressing en zona alta, que neutralizaba los avances contrarios muy lejos del arco de Simón. A la manera de Holanda 1974, la escuela que culmina en esta España 2026 y también la del 2010, la selección campeona del mundo establece un domino sobre la pelota y los espacios, evitando los duelos individuales y el roce como herramientas de control.
Lo obrado por Luis de la Fuente en el Mundial 2026 va a ser muy difícil de replicar en materia defensiva. No tendrá los nombres llamativos del 2010 (Ramos, Puyol y Piqué), pero como mecánica es superior a su ilustre predecesora. Un equipo que ya quedó en la historia.