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El Mundial resulta ser un verdadero oasis dentro de las precariedades de cada club y de un país. El Mundial es una especie de amnesia temporal, un alucinógeno que nos eleva y nos extrapola ante hechos que son evidentes y trascendentes, los que no queremos ver o escuchar, al menos por un mes.
Es así con Argentina, enfocándonos solamente en el plano deportivo, ni siquiera en lo social o económico.
La Albiceleste junto a Lionel Messi hacen que muchos hinchas trasandinos, de todos los equipos, olviden por unos días que atraviesan una crisis institucional y de resultados en competiciones continentales. Lo sabrá Boca Juniors y River Plate, frente a clubes sudamericanos que parecían inferiores y principalmente los brasileños, foco permanente de la competencia trasandina.
Los récord de Lio hacen olvidar un campeonato local desmejorado, que se disputa con 30 equipos, divididos en dos zonas, disminuyendo el nivel de competitividad y exigencia. Con la creación de un campeonato a todo nivel y con campeones erguidos de manera misteriosa por secretaría.
Los cambios constantes de reglamento, la supresión y reincorporación de descensos a conveniencia y el sistema de promedios que han quitado dramatismo, prestigio y la esencia al torneo de primera división trasandino.
La amnesia mundialista además llega al punto de tener un presidente y varios de la AFA gozando de las regalías de los triunfos, con permisos judiciales y en medio de allanamientos y escandalosos fraudes. Difícil de creer, pero que al parecer son una prerrogativa que sólo la puede entregar la fiebre del Mundial y un divino Messi, el que sin embargo, sólo alza la voz y es un guía ejemplar cuando se trata de los problemas en la Selección con alegrías y problemas, no así para criticar la realidad del fútbol argentino, ni menos del manejo administrativo de la AFA. La excusa de vivir lejos y ser casi un ciudadano de Estados Unidos, no lo exime de opinar.
Entonces, es difícil pensar que el éxito de ahora esté ligado a este sinnúmero de situaciones. Sin embargo, las instituciones argentinas han sabido sobrevivir a todo esto, con clubes detractores sin duda, pero todos al final llevados por un mismo camino para sobrevivir. Y es que en Argentina el fútbol aflora por todos lados desde niños y todos los clubes de alguna manera se ven obligados que para sobrevivir deben vender a sus mejores proyectos deportivos a otros mercados como Europa, apenas comienzan a destacarse, eso les impide consolidarse en equipos locales a largo plazo, y donde muchos de estos promisorios elementos terminan por formarse, tácticamente y físicamente mejor afuera que en su país y con una competencia al más alto nivel, algo que resulta vital para el recambio generacional.
Lo pierden los clubes, pero son rescatados ya formados por el bien nacional llamado Selección y con el ungido 10 como líder. La fórmula hasta ahora, al menos en Argentina, da resultados, la pregunta es ¿Hasta cuándo?