El Teniente está vacío, mientras Esteban González dialoga en la rueda de prensa posterior al electrizante triunfo de Coquimbo Unido sobre O’Higgins de Rancagua. Casi 10 mil personas llegaron hasta la remozada cancha rancagüina para un duelo electrizante, en el que los Piratas, independiente del triunfo de Universidad Católica sobre la U, sabía que ganar era dar el paso definitivo para una inédita corona.
El “Chino” González construyó un cuadro de cabeza fría, que tiene muy claro sus fortalezas y las debilidades de los rivales. Lo demostró la tarde de este domingo en El Teniente, con 1500 hinchas que vinieron desde el norte. Un equipo que presiona en todos los sectores del campo, que sale directo, con una columna vertebral nítida. Diego Sánchez en el arco transmite oficio y seguridad, como lo demostró en el penal que detuvo a Brayan Rabello. En el fondo, Bruno Cabrera ratificó el notable rendimiento que exhibe desde que llegó a Chile. Técnico, veloz, con juego aéreo en ambas áreas, con pases fuertes y rasantes para salir de la última línea y encontrar a un volante bien ubicado. Es, sin duda, el mejor defensor del campeonato.
Ahí está uno de los secretos de Coquimbo Unido. Ese inicio claro de Cabrera, su valentía para sacar a sus compañeros y hacerlos compactos es un dato relevante. Sebastián Galani y Alejandro Camargo juegan y marcan en la mitad del campo para encontrar a Matías Palavecino. El zurdo argentino, autor del gol de la victoria sobre O’Higgins, otorga aceleración, precisión y pausa. Lo demostró en la maniobra que concluyó con una zurda baja, que superó la estirada de Omar Carabalí.
Los demás, todos actores de reparto, saben su rol. Lo cumplen a la perfección y podríamos definirlos como esos protagonistas de “El Padrino”: todos actúan bien; todos se merecían un Oscar. Francisco Salinas en la derecha marca y pasa; Manuel Fernández es el complemento ideal de Cabrera; Juan Cornejo rejuveneció y aporta con su pegada de zurda que aclara. Cecilio Waterman entiende su rol de centrodelantero solidario, capaz de presionar a los centrales rivales, pelearles todos los balones y picar con fe cuando sus compañeros lo buscan.
Un párrafo para Cristián Zavala. El puntero derecho llegó en el segundo semestre desde Colo Colo. Tomó quizás la mejor decisión de su vida. En el buque del “Chino” González encontró su espacio. A los “Piratas” les faltaba un derecho. Abundaban los zurdos, pero se requería una variante. Zavala la proporcionó.
Solo falta la tilde para escribir la palabra campeón. En Rancagua, frente a un fiero O’Higgins, que llegaba con 13 de 15 puntos, en la lucha por uno de los cupos a la Copa Libertadores, Coquimbo ofreció una vez más una muestra de carácter. Un equipo moderno, físicamente a tope, con rendimientos sobresalientes. Llegó a 62 puntos. Le queda un peldaño para los 63 que timbran la vuelta olímpica.
En el “Sánchez Rumoroso” espera a La Calera. En la misma cancha donde hace 20 años vivió la amargura de la derrota en la final del Apertura, los aurinegros cumplirán el sueño anhelado: ser campeones.
Lo merecen con holgura. Las luces de El Teniente siguen encendidas. Pasó casi una hora de la fiesta coquimbana, donde convivieron sin problemas hinchas de O’Higgins y el puerto. Gente civilizada que dignificó una jornada memorable. Ellos dan el pie para pensar en tiempos mejores.