El 17 de enero de 2026, Calama vivió una jornada que fue presentada como histórica: el Estadio Zorros del Desierto fue oficialmente bautizado en un evento multitudinario que reunió a familias, exfiguras del fútbol, autoridades y al plantel 2026 de Cobreloa. Hubo partidos conmemorativos, homenajes a la tradición local y una puesta en escena que buscó cerrar simbólicamente un proceso que se arrastra por más de una década. Para muchos, fue la inauguración que tanto se había esperado.
Sin embargo, más allá del carácter festivo de la ceremonia, la situación real del estadio dista de ser tan concluyente como sugirió el discurso oficial. A nivel administrativo, el recinto arrastra una historia marcada por retrasos, modificaciones de contratos, paralizaciones de obras y observaciones técnicas que han impedido que el proyecto tenga un cierre definitivo en los términos que exige la normativa.
La construcción del nuevo estadio comenzó tras la demolición del antiguo Municipal de Calama en 2013, bajo la promesa de un recinto moderno y acorde a los estándares actuales del fútbol profesional. Lo que debía ser una obra de plazo acotado terminó convirtiéndose en un símbolo de la lentitud de la gestión pública: cambios de empresas ejecutoras, ajustes presupuestarios y problemas de diseño fueron acumulando años de retraso.
Aunque el estadio ha sido utilizado durante varias temporadas para partidos oficiales, espectáculos y eventos masivos, esa operación se ha dado en un contexto que nunca estuvo completamente resuelto desde el punto de vista administrativo. Incluso en las semanas previas a la ceremonia del 17 de enero, concejales de la comuna advirtieron públicamente que el recinto no contaba con recepción definitiva, el acto formal que certifica que una obra pública está completamente terminada y conforme a lo contratado.
Esta falta de recepción definitiva no es un detalle menor. Implica que, pese a su uso regular, la infraestructura no ha sido cerrada oficialmente como proyecto, lo que abre interrogantes sobre responsabilidades, estándares técnicos y eventuales observaciones aún no subsanadas. En términos prácticos, es la diferencia entre una obra simbólicamente inaugurada y una obra legalmente concluida.
A lo largo de los años, el estadio también ha sido escenario de situaciones que han profundizado los cuestionamientos. Se han reportado fallas en servicios, ajustes posteriores en distintas áreas y problemas de seguridad que obligaron a correcciones sobre la marcha. En 2023, un grave accidente ocurrido durante un evento —cuando una estructura se desplomó— derivó en sumarios administrativos y despidos, dejando en evidencia falencias en la gestión del recinto.
Pese a este historial, la inauguración fue financiada con recursos municipales y presentada como el cierre de un largo ciclo. La puesta en escena buscó resaltar el valor patrimonial y emocional del estadio para la comunidad, una narrativa que conectó con el sentir de muchos hinchas, pero que no logró despejar las dudas sobre el estado real del proyecto.
Hoy, el Zorros del Desierto funciona, se llena de público y vuelve a ser parte de la vida deportiva de Calama. Pero al mismo tiempo, sigue siendo una obra rodeada de interrogantes. La fiesta del 17 de enero cerró una etapa simbólica, aunque no necesariamente la etapa administrativa, técnica ni política que la ciudadanía lleva años esperando que se resuelva por completo.