El fichaje de Vozinha no dejó indiferente a nadie. Colo Colo consiguió un golpe mediático de nivel internacional al incorporar al arquero que maravilló al mundo defendiendo el arco de Cabo Verde en el Mundial 2026, al punto de ser incluido por la FIFA en el once ideal del torneo. Sin embargo, detrás de la euforia también aparecen preguntas inevitables: ¿los albos contrataron a un arquero de élite o aprovecharon el fenómeno mediático del Mundial?
Las primeras señales desde el propio Monumental llaman la atención. El presidente de Blanco y Negro, Aníbal Mosa, fue quien confirmó públicamente el acuerdo para incorporar al guardameta, transformándose en el principal rostro de una operación que tuvo amplia repercusión internacional. Pero el entusiasmo de la dirigencia no encontró el mismo eco dentro del camarín.
Antes del partido frente a Deportes Limache, Javier Correa fue consultado por la llegada del arquero caboverdiano y su respuesta evidenció que el plantel no manejaba demasiada información. "¿Qué se yo? Me preguntan a mí… No sé amigo, qué se yo. Vamos a ver", respondió el delantero argentino, dejando en evidencia que el anuncio también sorprendió a los jugadores.
Más llamativa todavía fue la postura de Fernando Ortiz. Después del triunfo por 3-1 sobre Limache, el técnico tuvo la oportunidad de confirmar que Vozinha era un arquero solicitado por su cuerpo técnico, pero eligió otro camino. "De la negociación esas cosas, no soy el encargado", respondió cuando fue consultado directamente por la incorporación.
La insistencia de los periodistas tampoco cambió su discurso. Le preguntaron si era un nombre trabajado junto a la dirigencia y nuevamente evitó atribuirse la contratación. "Lo que sí sé, tengo claro que es un jugador más que va a tener que pelear el puesto como los demás", afirmó. Una respuesta que, más que respaldar el fichaje, marcó distancia con una operación encabezada desde Blanco y Negro.
Si se deja de lado el impacto del Mundial y se revisa la carrera completa de Vozinha, aparecen antecedentes mucho más moderados. A sus 40 años acumula 283 partidos oficiales, 300 goles recibidos y 102 porterías en cero, números construidos tras pasos por AEL Limassol, Chaves, AS Trencin, Gil Vicente y Zimbru Chisinau.
Su último club fue Chaves, en la Segunda División de Portugal. Allí disputó 51 encuentros, recibió 54 goles y terminó con 17 porterías imbatidas, mientras el equipo finalizó noveno en una liga de 18 equipos, lejos de la lucha por el ascenso y sin pelear el descenso. Una campaña correcta, pero distante de los registros que suelen acompañar a un arquero considerado entre los mejores del mundo.
Eso explica por qué el Mundial cambió completamente su escenario. Con Cabo Verde fue protagonista absoluto, realizó actuaciones memorables frente a selecciones como España, Uruguay y Argentina, y terminó integrando el once ideal de la FIFA. Es importante precisar, eso sí, que no ganó el Guante de Oro, distinción que quedó en manos del español Unai Simón.
En otras palabras, Colo Colo no fichó al arquero con mejor trayectoria de su generación. Apostó por un futbolista que vivió el mejor torneo de su carrera a los 40 años y cuya explosión mediática coincidió con el final de su contrato en Portugal.
La gran incógnita ahora será comprobar cuál de las dos versiones aparecerá en Macul: el experimentado arquero de campañas discretas en Europa o el fenómeno que deslumbró al planeta durante un mes en el Mundial. Porque, por ahora, incluso dentro de Colo Colo, las señales apuntan a que el impacto del fichaje fue mayor que las certezas futbolísticas que lo acompañan.