La Selección Argentina vivirá uno de los periplos más extraños de los últimos años. El plantel deberá embarcarse en una travesía de casi un día completo para disputar un amistoso frente a Angola, un rival sin tradición futbolística y cuyo atractivo deportivo es limitado. El duelo, pactado en medio de un calendario desgastante para varios jugadores, abrió un debate interno que crece: ¿qué gana la campeona del mundo con un amistoso tan poco competitivo y tan complejo en términos logísticos?
La polémica estalló apenas se confirmó que el plantel debía cumplir con un esquema de vacunación especial para ingresar al país africano, incluyendo refuerzos contra fiebre amarilla y otras enfermedades endémicas. Para la mayoría de los futbolistas, en plena etapa de recuperación física tras semanas intensas en Europa, el requerimiento fue interpretado como un factor más en un viaje que ya parecía innecesario. A eso se sumó que el trayecto implica escalas largas, cambios horarios severos y un desgaste que obligará al cuerpo técnico a ajustar cargas y rotaciones.
En Argentina, la crítica apuntó de inmediato a Claudio “Chiqui” Tapia. El presidente de la AFA lleva meses bajo cuestionamientos por la reiterada organización de amistosos de bajo nivel competitivo pero de alta rentabilidad económica. Desde diversos sectores del periodismo se repite la misma acusación: Tapia estaría estirando al máximo la presencia de Lionel Messi en la Selección, privilegiando compromisos que garanticen ingresos extraordinarios —desde contratos de exhibición hasta giras pactadas con promotores— incluso a costa del rendimiento deportivo.
Para muchos analistas, el amistoso con Angola es la muestra más evidente de esa política cobrando, dicen, 12 millones de euros por un sólo partido. Un viaje extenso, un rival sin exigencia real y un partido que, más que preparación, parece una ventana comercial. “Es una gira diseñada en torno a lo que genera Messi, no a lo que necesita la Selección”, repiten en los programas radiales de Buenos Aires. La preocupación se centra además en que el desgaste afecte a jugadores claves justo cuando varios clubes europeos presionan por reducir riesgos y evitar lesiones en compromisos de baja relevancia.
En el entorno de la AFA argumentan que estas giras permiten expandir la marca Argentina y fortalecer acuerdos internacionales. Sin embargo, puertas adentro persiste el malestar: la campeona del mundo tendría que estar midiéndose con rivales de jerarquía, no en compromisos que recuerdan más a un espectáculo itinerante que a un duelo de preparación de élite.
Con el plantel preparando maletas para un viaje maratónico, la discusión continúa. El amistoso con Angola será un partido más en la agenda, pero también un símbolo de un modelo que incomoda a muchos en Argentina: uno donde Messi sostiene la estructura comercial y donde, según los críticos, la AFA prioriza la billetera por sobre la planificación deportiva. Mientras tanto, la expectativa por verlo una vez más con la camiseta albiceleste garantiza que, en cualquier rincón del mundo, la Selección siga moviendo multitudes… y millones.