La derrota por 5-1 ante Estados Unidos sacudió por completo al fútbol uruguayo y abrió una crisis que trascendió lo deportivo. Lo que debía ser un amistoso de preparación terminó convertido en un juicio público al trabajo de Marcelo Bielsa, cuyo proyecto quedó bajo fuerte presión tras una de las caídas más duras de su ciclo.
La prensa local reaccionó con una contundencia pocas veces vista. El diario El País calificó el resultado como un auténtico “papelón” y habló abiertamente de una “crisis futbolística” en la Celeste. El Observador, en tanto, describió el duelo como una “paliza vergonzosa” y afirmó que el equipo mostró “su peor cara”, subrayando la fragilidad defensiva que permitió cuatro goles solo en el primer tiempo.
La radio fue aún más radical. En uno de los análisis más duros de la jornada, se escucharon calificativos como “lapidario, lamentable, de lo peor que se ha visto en Uruguay en el último tiempo”. El comentario continuó con una sentencia que caló hondo: “Una cosa es jugar mal, otra es pasar vergüenza; tocamos fondo”. Incluso se cuestionó la identificación del entrenador con el país: “El técnico no nos está representando… lo que estamos viendo no es lo que nos prometieron”.
El golpe estadístico amplificó la indignación. Uruguay no recibía cuatro goles en un primer tiempo desde hace décadas, ni sufría cinco tantos en un mismo partido desde hacía más de veinte años. Para la opinión pública uruguaya, la humillación fue mayor al tratarse de un Estados Unidos alternativo, sin varias de sus figuras principales.
Marcelo Bielsa no intentó matizar el escenario. Al contrario, profundizó la autocrítica. “No tengo sensación de reclamo hacia nadie”, dijo, apuntando que al no culpar a los futbolistas, “se agranda la parte de la responsabilidad que me toca, que en este caso es toda”. El entrenador fue aún más explícito al diagnosticar el problema: “Este no es un problema de jugadores; es un problema de utilización y de gestión de los recursos”, declaró, asumiendo errores en la elección del equipo, el planteamiento táctico y el funcionamiento general.
El técnico también remarcó la diferencia de jerarquías entre ambos planteles, reconociendo que Uruguay fue superado por futbolistas que “no juegan con más frecuencia” en su selección. “De ninguna manera los mejores jugadores uruguayos pueden perder un partido contra el grupo secundario de Estados Unidos”, advirtió, una frase que terminó por encender más la discusión pública.
En paralelo, voces históricas del fútbol uruguayo alertaron sobre el clima interno. Se habló de la necesidad de “una charla profunda entre jugadores y cuerpo técnico” y se insinuó que podría surgir “resentimiento” en el plantel si el proceso no se ajusta en lo inmediato.
A pesar del vendaval, la dirigencia de la selección respaldó al entrenador y cerró cualquier duda sobre su continuidad, aunque reconoció el impacto emocional del resultado y la necesidad de “recomponer y seguir adelante”. El problema para Bielsa es que no habrá competencia oficial hasta marzo, por lo que la crisis seguirá alimentándose en el terreno discursivo sin la posibilidad de apagarla con resultados.
La goleada, en definitiva, dejó a Uruguay en un punto de inflexión: una mezcla de preocupación, autocrítica y presión mediática que pone a prueba la solidez del proyecto de Bielsa en la antesala del Mundial. El entrenador, fiel a su estilo, levantó la mano y asumió todo. Ahora deberá demostrar que su diagnóstico es el camino para evitar un nuevo golpe cuando el reloj ya corre en su contra.