Lo que ocurre hoy con San Luis de Quillota no responde a sospechas ni teorías: la multipropiedad entre el club canario y Deportes Limache es un hecho reconocido. Ambos proyectos están bajo el alero del Grupo CVU, ligado a la familia Villegas, configurando un conflicto de interés abierto que, según denuncian hinchas de Quillota, ya se traduce en un daño deportivo, institucional y patrimonial.
San Luis pasó a cumplir un rol secundario dentro de esta estructura. Uno de los episodios más visibles se vive en el Complejo Manuel Arancibia Valencia, recinto histórico del club canario, donde Limache utiliza canchas de entrenamiento y donde incluso se registró el pintado de dependencias con colores rojo y negro, propios del elenco limachino. El cuerpo técnico de Limache tendría oficinas dentro del mismo recinto, mientras la dirigencia de San Luis guarda silencio pese al comunicado público de la hinchada.
El conflicto escaló con la realización de un amistoso entre ambos clubes bajo el argumento de ayuda por los incendios en la zona. San Luis alineó juveniles y recibió una goleada parcial de 4-0 en el primer tiempo. El propio entrenador canario, Humberto “Chupete” Suazo, cuestionó públicamente la decisión y reconoció diferencias con la dirigencia.
“Obviamente se los hicimos saber. El equipo podría haber aportado de otra forma. El aporte de cada jugador a lo mejor iba a ser más importante o más elevado a lo que fue el partido o la recaudación”, declaró el técnico, marcando distancia con la organización del encuentro.
Suazo fue aún más claro al advertir que la medida afectó directamente su planificación deportiva: “Sé lo que valgo, sé lo que hemos formado, el cuerpo técnico que hemos preparado para poder afrontar este 2026 de la mejor manera y este tipo de situaciones no suman para nada”.
El entrenador también alertó sobre el riesgo físico al que fueron expuestos sus jugadores, especialmente juveniles, en plena pretemporada: “Eso es lo que más molesta, que no hubo cuidados para la integridad (de los jugadores)… que tuvimos una semana de diez, doce entrenamientos y tuvimos que enfrentar este partido, que se nos podría haber lesionado quizás un juvenil que lo íbamos a necesitar el día de la Copa Chile”.
En lo deportivo, los hinchas apuntan a una política de movimientos funcional al proyecto limachino. El caso de Mateo Guerra grafica el escenario: fue presentado en Limache, luego devuelto a San Luis, anunciado a préstamo en Trasandino y finalmente reinstalado en Limache. Durante 2025, Limache envió a préstamo a Aldrix Jara, Carlos Morales y Josué Ovalle a clubes que competían directamente con San Luis, debilitando al cuadro quillotano, mientras desde San Luis solo llegó Renato Tarifeño, sin impacto real.
Para los denunciantes, el patrón es evidente: Limache es el proyecto prioritario y San Luis opera como equipo satélite para administrar contratos, pases y vitrinas. Una lógica reforzada por la presencia permanente de César Villegas Mena en ambos clubes y su exposición pública, en un contexto donde se le vincula con una eventual aspiración a la presidencia de la ANFP. Incluso recuerdan registros de 2024 donde miembros de la familia Villegas se burlaban de una goleada de Limache sobre San Luis, pese a ser controladores del club canario.
La hinchada también acusa silencio de medios locales debido a auspicios de empresas ligadas al Grupo CVU y exige intervención de la ANFP, advirtiendo que la multipropiedad reconocida está alterando la competencia y degradando a una institución con 106 años de historia.
Más allá del caso puntual, lo de Quillota expone una herida estructural del fútbol chileno: cuando un mismo grupo controla más de un club, siempre hay uno que pierde. Hoy, aseguran desde la ciudad, ese club es San Luis.
