No sorprendió demasiado que Maxi Gutiérrez haya sido transferido al fútbol argentino. El excelente presente del jugador de Huachipato lo hacían candidato natural a un traspaso a un mercado de mayor nivel, como es el Campeonato de Primera de la AFA y a un equipo de calado, en este caso Independiente. Lo que llamó la atención fueron las condiciones: el delantero se va a préstamo “sin costo” por un año y luego los Rojos de Avellaneda comprarían el 50% su pase en dos millones de dólares. Sumemos que el negocio se hace cuando el cuadro del acero está en el medio de una llave de segunda fase de Copa Libertadores y la presencia de Gutiérrez era clave para ganar la revancha y acceder a la fase de grupos.
Es decir, la venta no puede ser más lesiva para Huachipato: se va sin consto y genera un enorme perjuicio deportivo ¿Por qué ocurre esto? Porque el campeón del 2023 no tiene la propiedad del pase del jugador. Esta pertenece al ex controlador Victoriano Cerda tal como lo admitió el actual presidente Hernán Rosenblum en mayo pasado cuando se destapó que Cerda se quedaría con la totalidad de los dineros de la venta de Felipe Loyola. “Si se llegase a concretar (su venta), una parte importante pudiese eventualmente llegar a los ex controladores como pago a ese valor variable que está estipulado en el contrato de compra-venta del club”, dijo Rosemblum entonces.
Pero luego admitió algo peor, y aquí entra Maxi Gutiérrez, Huachipato no recibe un peso de la venta de cualquier jugador por cuatro años porque, cuando compró el club, fue sin los pases de los jugadores. Y mientras no cubra un margen de deuda, todo queda para Victoriano. “Tenemos que cumplir esa meta de aquí al 2029 para cumplir los acuerdos considerados con los antiguos propietarios del club", fueron las palabras de Rosemblum el 29 de mayo pasado en una conferencia de prensa en el CAP.
En esa época había saltado la alarma desde Argentina, cuando medios locales denunciaron que Cerda estaba negociando las ventas de los ex Huachipato Water Mazzanti (Huracán) y Felipe Loyola (Independiente). Loyola fue transferido al Pisa el 20 de enero pasado por ocho millones de euros y en el papel Huachipato se quedaba con el 50% del pase, pero, como ya lo había advertido Rosemblum, ese porcentaje era para los “ex controladores” (Cerda) como cualquier venta hasta el 2029.
El problema que este modelo de negocios incumple de manera flagrante el “Reglamento sobre estatutos de transferencia de futbolistas” de la FIFA. En el artículo 18º de dicho estatuto se lee claramente:
“Ningún club o jugador podrá firmar contrato con un tercero que conceda a dicho tercero el derecho de participar, parcial o totalmente, del valor de un futuro traspaso de un jugador de un club a otro, o que le otorgue derechos relacionados con futuros fichajes o con el valor de futuros fichajes”.
No hay doble interpretación acá. Huachipato, en este caso Hernán Rosenblum, no podía ceder a Victoriano Cerda el contrato, los derechos ni valores de ningún jugador del club. Ocurrió con Javier Altamirano, Walter Mazzanti, Felipe Loyola y ahora con Maxi Gutiérrez ¿Qué debería ocurrir? Una denuncia de la ANFP ante la FIFA. Esto, si la cabeza del fútbol chileno hiciera lo que corresponde. Incluso el oficial de cumplimiento de la ANFP, Miguel Ángel Valdés, debería instruir a Pablo Milad para que haga la denuncia correspondiente en contra de Rosenblum y Cerda. Las pruebas están a la vista, la probidad, no existe.