De ser despedido en San Carlos a convertirse en el arquitecto de una de las victorias más resonantes del fútbol ecuatoriano reciente. Tiago Nunes, el entrenador brasileño que hace poco fue despedido de Universidad Católica por resultados irregulares, hoy camina en otra dimensión: la de los héroes de Quito. Su Liga Deportiva Universitaria aplastó 3-0 a Palmeiras en la semifinal de ida de la Copa Libertadores y desató una euforia que hace años no se sentía en la capital.
La prensa ecuatoriana no escatimó elogios. Primicias destacó que Liga “se convirtió en el primer equipo en marcarle tres goles en un solo tiempo a Palmeiras en la historia de la Libertadores”, un registro que eleva la magnitud del triunfo. El Diario, por su parte, subrayó que “el planteamiento de Nunes desgastó físicamente al Palmeiras, que apenas generó peligro”, mientras que Extra habló directamente de una “hazaña” frente a uno de los grandes favoritos del continente.
Nunes, que en Chile fue visto como un técnico conservador y sin chispa, recuperó en Ecuador la audacia que parecía olvidada. El Comercio escribió que el brasileño “es consciente del reto que enfrenta, pero también de las fortalezas que tiene como local”, una referencia a su estrategia de presionar alto y aprovechar la altitud quiteña. En otra nota, el mismo medio relató cómo “la hinchada de Liga vive una nueva semifinal de Libertadores con ilusión y orgullo”, con el nombre de Nunes ya coreado como símbolo de la resurrección alba.
Incluso El Universo, que fue más medido en su análisis, reconoció la huella emocional del técnico. “Lo único que hemos hecho es recordar al grupo lo grandes que son”, citó al propio Nunes tras otro triunfo reciente, reflejando una filosofía más humana que táctica. Hoy esa frase parece cobrar otro sentido: no solo devolvió la confianza a sus jugadores, también se devolvió a sí mismo al lugar del que lo habían apartado.
El destino quiso que la revancha de Tiago Nunes no llegara con discursos ni promesas, sino con fútbol. En Quito lo veneran, en Brasil lo temen y en Chile —donde fue descartado sin contemplaciones— su nombre vuelve a sonar, esta vez envuelto en gloria. Porque, a veces, el camino del desechado es el mismo que conduce al héroe.