El fútbol chileno vuelve a mirarse al espejo. En medio de un campeonato donde Deportes Concepción lucha por sostenerse en Primera, la decisión de reemplazar a Patricio Almendra por Walter Lemma no solo responde a una urgencia deportiva, sino que revive una tendencia cada vez más evidente: la apuesta por técnicos extranjeros con escasa experiencia y, en muchos casos, sin resultados que respalden su llegada.
El caso de Lemma es particularmente ilustrativo. El argentino asumió en marzo de 2026 en el cuadro lila tras la salida de Almendra, en un contexto de malos resultados y con el equipo comprometido en la parte baja de la tabla . Sin embargo, su antecedente inmediato tampoco ofrecía garantías. Venía de dirigir a Unión La Calera, su primera experiencia como entrenador principal, tras años como ayudante de Gustavo Quinteros en Colo Colo y otros clubes .
En números, su paso por La Calera deja más dudas que certezas. En 48 partidos dirigidos sumó 16 triunfos, 11 empates y 21 derrotas, con un rendimiento del 41% y apenas 1,23 puntos por partido. Más aún, su ciclo terminó marcado por una racha negativa: acumuló al menos ocho encuentros sin ganar en el Campeonato Nacional antes de su salida , a lo que se suma lo que reflejan sus últimos partidos, donde cerró sin victorias y con un equipo en deterioro futbolístico.
El golpe más simbólico fue la eliminación en Copa Chile ante San Antonio Unido, un equipo de la Segunda División Profesional. Un episodio que, más allá del resultado puntual, expuso la fragilidad competitiva de su proceso y encendió cuestionamientos sobre su capacidad para liderar proyectos de mayor exigencia.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿qué méritos tenía Lemma para llegar a Deportes Concepción?
La respuesta no está en los resultados, sino en el contexto estructural del fútbol chileno. Lemma encaja en un perfil que los clubes han validado sistemáticamente: técnico extranjero, con recorrido como ayudante en cuerpos técnicos relevantes, discurso moderno y menor costo que nombres consolidados. Un perfil que seduce directorios, pero que muchas veces carece de sustento competitivo real.
No es un caso aislado. En 2025, Everton repitió la fórmula con Javier Torrente, un entrenador que ya había sido despedido en dos procesos anteriores en el mismo club y que volvió a fracasar, siendo cesado en 2026 tras un arranque deficiente . La lógica se repite: se prioriza la narrativa por sobre la evidencia.
En ese sentido, la elección de Lemma parece responder más a una inercia del sistema que a una evaluación profunda de rendimiento. Porque si el análisis se limita a los datos duros —rendimiento inferior al 50%, rachas sin victorias, eliminación ante rivales de menor categoría—, su llegada a un equipo que pelea el descenso no se sostiene desde lo deportivo.
Así, Deportes Concepción no solo apostó por un técnico, sino que reafirmó una práctica: la del fútbol chileno que recicla apuestas riesgosas, incluso cuando la evidencia reciente apunta en dirección contraria. Y en un torneo donde cada punto vale oro, esa decisión puede terminar costando mucho más que un simple cambio en la banca.