Si Flamengo llega a ganar a Palmeiras la edición 2025 de la Copa Libertadores es muy posible que Erick Pulgar figure como candidato a ganar el premio de el diario El País al mejor jugador de América y figure en el equipo ideal del continente. El antofagastino realizó una llave semifinal extraordinaria contra Racing y fue clave para mantener el empate a cero en Avellaneda tras la expulsión de Platas. En los medios brasileños se le sindica como uno de los mejores volantes centrales del país y sus métricas muestran números impresionantes en cada uno de los aspectos (porcentaje de pases, recuperación de balones, kilómetros recorridos).
Sin embargo, este momento brillante de Pulgar no se refleja en la selección. Ausente de las convocatorias desde que Chile fue goleado por Colombia en Barranquilla 4-0 en octubre del año pasado, Gareca lo borró hasta su propio despido. Y Nicolás Córdova mantuvo la medida. A muchos les extrañó la ausencia de Pulgar en los últimos ocho partidos eliminatorios, pero tampoco ha sido tema de polémica nacional.
La pregunta es ¿Por qué un jugador que está en el equipo más fuerte de América hoy no figura en una selección chilena tan carente de hombres de nivel internacional? La respuesta la sabemos todos: hay un Pulgar de Flamengo y hay otro Pulgar de la selección chilena. Y ambos juegan distinto. El volante lleva diez años desde que debutó con Sampaoli en Rancagua contra Estados Unidos en enero del 2015, como suplente ganó la Copa América Centenario con Pizzi y desde ahí estuvo en todas las eliminatorias y copas América dirigido por Rueda, Lasarte y Gareca. Bien, más o menos y mal a lo largo de 52 partidos. Nada especial, nada distinto. Primero como una alternativa a la Generación Dorada, luego como uno más en una selección que se hundía paso a paso. Acompañando, nunca rompiendo la inercia.
Lo de Erick Pulgar, y aquí viene lo importante, no es privativo de él ¿Cuántas veces vimos a Paulo Díaz jugar a gran nivel en River Plate hasta transformarse en uno de los mejores centrales de la Primera División argentina? Luego venía a jugar por Chile y se transformaba en un zaguero corriente, frío, sin liderazgo, que apenas marcaba el paso. Sumo a Diego Valdés, el precio más alto del fútbol mexicano el que, entre lesiones y malos rendimientos, terminó cansando al mismo Ricardo Gareca quien se cansó de darle oportunidades. Otro es Guillermo Maripán. Tantos años en Europa, elegido el mejor jugador del Torino la temporada anterior ¿Y acá? Inseguro, resistido por los hinchas, uno más de tantos que lleva más de cincuenta partidos por la selección chilena y sin terminar de convencer.
Si Córdova, o el que lo reemplace. no llama en los próximos duelos de la selección a Pulgar, Díaz, Valdés o Maripán, no pasa nada. Porque tampoco pasaba nada cuando los llamaban. Algo ocurre en Juan Pinto Durán desde hace un tiempo que muchos de los que entran rindiendo en buen nivel, se calzan la camiseta roja para convertirse en perfectos desconocidos.