El sábado pasado el humilde Ponte Preta, que llevaba más de cien años navegando en el torneo paulista, la Copa Brasil y las divisiones más bajas del brasileirao, logró sacarse la mufa. El club más antiguo de Sao Paulo, fundado en 1900, derrotó 2-0 a Londrina en la segunda final de la Serie C con goles de Jonas Toro y Elvis y levantó su primer título de campeón.
Tanto tiempo de espera generó un despelote inesperado. Las catorce mil personas que abarrotaban el pequeño y envejecido estadio Moisés Lucarelli decidieron que 125 años mirando desde lejos cómo otros festejaban merecían una celebración desaforada. El campo fue invadido por la multitud por un portón lateral y la situación se descontroló. Los hinchas se colgaron de los postes, robaron celulares, las redes de los arcos y hasta el cartel electrónico que señala los cambios.
Debido a esta caótica situación, la CBF (Confederación de Brasileña de Fútbol) se vio obligada a suspender la ceremonia de premiación, donde se entregaría la copa y las medallas de la consagración.
Mientras, en las calles de Sao Paulo, la multitud festejaba exhibiendo los "trofeos" obtenidos en la invasión a la cancha del Moisés Lucarelli.