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En menos de un año el reducto de los hispanos debió soportar dos daños considerables en su superficie a raíz de un uso inadecuado y mala gestión.
En marzo pasado la empresa Sur Global Chile señaló que un hongo había afectado el campo por lo cual el partido de Universidad Católica (que hacía de local) y Colo Colo no se podía llevar a cabo. Sin embargo, para varios cancheros expertos o con tiempo en el tema, señalaron que esa justificación era inverosímil.
De esta manera Unión vio postergado por varias semanas la opción de ser local en su estadio, un tema que fue otro aditivo amargo al pésimo 2025 que llevó al equipo al descenso. En medio de este ajetreo surgió el proyecto de cambios de luces, una intervención que se realizó sin las consultas pertinentes y que sólo provocó más inconvenientes en el entorno del estadio.
A principios de diciembre el terreno de la Catedral se veía mucho más recuperado, casi como una manera de entregar su último aliento al equipo ante O’Higgins, fecha de la condena a la B. Pero nuevamente la realización de dos conciertos musicales seguidos en menos de una semana terminaron por liquidar lo que se avanzó desde mayo. Durante esos seis meses (Mayo-Diciembre) el césped y cancha nunca estuvieron al 100 por ciento.
El trabajo que se lleva a cabo ahora ya cuenta al menos con la imagen de una hierba natural cubriendo la superficie, gracias al sistema de colocación de paños, a diferencia del resembrado que se utilizó la vez anterior. De todas formas este asentamiento del césped requerirá de al menos dos meses lo que implicaría que los Rojos hagan de local en otro recinto en las primeras fechas, se señala que será el municipal de La Pintana.
Recién para mediados de marzo Santa Laura se podría lucir al fútbol chileno su nueva cara con nuevo gramado y sistema de iluminación mejorado en alto estándar, pero con el equipo en la B. El desafío, que al menos dure un año.