Talleres de Córdoba tenía la oportunidad perfecta para espantar los fantasmas y darle un respiro a Jorge Sampaoli, pero terminó firmando otro papelón. El conjunto cordobés ganaba 2-0 con comodidad en el Mario Alberto Kempes y parecía encaminar una noche tranquila, hasta que la jerarquía de Ángel Di María desnudó la fragilidad de un equipo sin respuestas anímicas ni futbolísticas, sellando un 2-2 que agrava una crisis que ya parece terminal.
El partido se había presentado como el escenario ideal para maquillar el mal momento. Talleres se puso en ventaja con un penal de Agustín Álvarez en el primer tiempo y estiró las cifras en el arranque del complemento gracias a Valentín Depietri. Con dos goles arriba y el control aparente del trámite, todo apuntaba a una victoria balsámica para un cuerpo técnico muy cuestionado. Sin embargo, apenas Rosario Central apretó el acelerador, la estructura del casildense se desmoronó por completo.
La reacción del Canalla tuvo como protagonista excluyente a Di María. El atacante descontó desde los doce pasos y, apenas ocho minutos más tarde, clavó un zurdazo cruzado para decretar el empate definitivo. El golpe fue devastador para un Talleres que no supo cómo reaccionar ante la adversidad, mostrando el mismo desconcierto colectivo que ha marcado cada una de sus presentaciones en lo que va de semestre.
El tropiezo ante Rosario Central no es un hecho aislado, sino la confirmación del pésimo momento que atraviesa el cuadro cordobés. De los seis partidos disputados en el torneo, el equipo de Sampaoli apenas rescató un triunfo aislado ante Platense y acumula cuatro caídas frente a Newell’s, Vélez, Lanús y Gimnasia de Mendoza. Cuatro puntos sobre 18 posibles y once goles en contra grafican un presente insostenible, donde el crédito del entrenador se agota al mismo ritmo que las certezas en la cancha.