Juan Martín Lucero no llega a Universidad de Chile en el mejor momento estadístico de su carrera. Y él mismo lo reconoció entre líneas al presentarse como nuevo refuerzo azul: “Vengo a reencontrarme en un fútbol que conozco, en un club grande que me da la posibilidad de volver”. Esa necesidad de reencuentro se explica con claridad al revisar su 2025 en el Brasileirao y la Copa Libertadores.
En el Campeonato Brasileiro, Lucero disputó 36 partidos a lo largo de la temporada. Sin embargo, apenas fue titular en 16, mientras que 9 veces quedó en el banco y en 11 ocasiones fue reemplazado, además de sumar dos fechas de suspensión por acumulación de tarjetas. Es decir, nunca logró consolidarse como una pieza fija en el once, pasando gran parte del año como alternativa ofensiva.
En términos de producción, el registro también fue limitado: solo marcó tres goles en todo el Brasileirao, y su último tanto fue el 10 de mayo de 2025, en el triunfo ante Juventude. Desde entonces, el delantero no volvió a convertir en el torneo local, cerrando la temporada con más interrogantes que certezas sobre su rol y su presente futbolístico.
La tendencia se mantuvo en la Copa Libertadores, donde su protagonismo fue aún menor. Jugó 8 partidos, con apenas 3 titularidades, fue sustituido en 4 encuentros y quedó una vez en el banco. No logró transformarse en una referencia ofensiva estable, en una campaña que terminó con la eliminación de su equipo en los octavos de final.
Por eso, cuando Lucero habla de volver a empezar, no se trata solo de un discurso emotivo. “Vengo a reencontrarme”, insistió, apuntando a una búsqueda personal de continuidad, confianza y centralidad en el juego. Su regreso al fútbol chileno no es un retroceso, sino un intento de reposicionarse como protagonista, algo que en Brasil se le fue escapando con el correr de los meses.
Universidad de Chile le ofrece ese escenario: un equipo que necesita gol, liderazgo y jerarquía ofensiva. El desafío es claro. Los números de 2025 muestran a un delantero experimentado, pero golpeado por la irregularidad y la falta de continuidad. Ahora, su reto será convertir ese reencuentro que promete en una realidad dentro de la cancha.