El cierre del campeonato vuelve a instalar un tema que, aunque doloroso, forma parte del ADN del fútbol chileno: los descensos. La lucha por no caer ha marcado temporadas completas, ha fracturado proyectos deportivos y ha forjado identidades de clubes que se reconstruyen desde la adversidad. A días del final del torneo 2025, con Iquique y Unión Española sumergidos en una crisis que parece irreversible, la mirada se vuelve a la historia para entender cómo cada equipo enfrentó su último gran tropiezo.
Colo-Colo continúa siendo el único club que jamás conoció la B desde su debut en 1933, un privilegio que lo mantiene como excepción en el campeonato con 92 años consecutivos en la máxima categoría. Para otros, el descenso es un recuerdo lejano: Universidad Católica bajó por última vez en 1973, es decir hace 52 años. Universidad de Chile lo hizo en 1988 —un episodio que marcó a una generación completa— y Audax Italiano en 1986, en tiempos donde la competencia tenía un ritmo completamente distinto al actual.
Más cerca en el tiempo aparecen Unión Española, que cayó en 1997, y Palestino, cuya última caída también fue en 1988. Huachipato vivió su descenso más reciente en 1992, mientras que O’Higgins perdió la categoría en 2001, año que dio paso a un proceso institucional que marcaría su evolución en las décadas siguientes.
El panorama reciente muestra a clubes que han debido reinventarse tras golpes duros: Everton descendió en 2014, Unión La Calera en 2016, Cobresal en 2017 —solo dos años después de su histórico título— y Ñublense en 2015, antes de consolidarse como uno de los proyectos más estables de los últimos años.
La historia más fresca corre por cuenta de Coquimbo Unido y Deportes Iquique, que bajaron en 2020, además de Deportes La Serena que cayó en 2022. En paralelo, aparece un caso especial: Deportes Limache, debutante absoluto en 2025, que entra al círculo de honor sin descensos a cuestas pero con el desafío inmediato de sostenerse entre los grandes.
Mientras la lucha por la permanencia vive horas decisivas, la tabla histórica de descensos recuerda que ninguna camiseta —por grande o popular que sea— está completamente blindada. Y en un torneo donde dos equipos ya sienten el vértigo, la memoria vuelve a tomar protagonismo.