El Qarabağ FK dio el gran golpe de la jornada en la Champions League 2025-26 al vencer 3-2 al Benfica en Lisboa, tras una remontada épica que dejó en silencio al Estádio da Luz. El equipo azerí, que caía 0-2 en el primer tiempo, mostró temple y carácter para dar vuelta el marcador con goles de Andrade, Durán y Kashchuk, firmando una de las victorias más sorprendentes de su historia reciente y enviando un mensaje claro: ya no es un invitado menor en Europa, sino un club capaz de desafiar a gigantes consolidados.
De Agdam a Bakú: un club sin casa
El Qarabağ nació en 1951 en la ciudad de Agdam, en la región de Karabaj, Azerbaiyán. Con el tiempo adoptó distintos nombres hasta consolidar su identidad en 1987 como Qarabağ FK, en honor a su tierra. Pero en 1993, la guerra en Nagorno-Karabaj arrasó con Agdam, dejando a la ciudad en ruinas. El club perdió su estadio y se transformó en un equipo “nómade”, que encontró refugio en Bakú. Desde entonces, ha sido símbolo de resistencia y orgullo nacional.
Éxitos domésticos y perseverancia europea
En Azerbaiyán, el Qarabağ es una potencia: suma más de una docena de títulos de liga y múltiples copas locales. Pero su salto de calidad llegó en Europa. En 2017 se convirtió en el primer club azerí en clasificar a la fase de grupos de la Champions League, y desde entonces se ha mantenido con regularidad en torneos continentales. No juega con presupuestos millonarios ni fichajes rimbombantes, sino con planificación, continuidad y un proyecto serio.
La noche de Lisboa
Contra Benfica parecía escrito otro libreto: dos goles abajo en un estadio histórico, con todo en contra. Pero el Qarabağ reaccionó con intensidad y personalidad. Andrade descontó, Durán empató y Kashchuk clavó el 3-2 que silenció a la hinchada local y reventó la crónica del día. Fue más que un triunfo: fue un golpe de realidad para el fútbol europeo, que muchas veces menosprecia a los equipos de ligas menores.
La victoria ante Benfica no es solo un resultado: es la consecuencia de décadas de resistencia y de no bajar los brazos. El Qarabağ sigue siendo un club sin casa, pero con identidad. Y esa identidad, forjada en el exilio, hoy le alcanza para escribir una de las páginas más potentes de la Champions.