Más moderado tal vez, dominado por tenidas tan elegantes como sobrias, la llegada de los seleccionados franceses a la concentración de Clairefontaine, siguió siendo una imaginaria pasarela de haute couture pese a que el nuevo entrenador del equipo Zinedine Zidane había tomado medidas para impedirlo. La idea de Zidane y la Federación Francesa de Fútbol era terminar con los "desfiles de moda" en que se habían convertido cada concentración del equipo azul restringiendo las cámaras, las notas al paso y pidiendo a las estrellas que ayudaran usando tenidas más discretas, propios de un equipo de fútbol y no de modelos profesionales. No lo lograron del todo, pero al menos sus jugadores se esmeraron en los atuendos esta vez optando por lo clásico antes que lo colérico.
Jules Koundé era el más esperado, debido a que solía llegar a Clairefontaine luciendo ropa muy extravagante, provocativa al límite de la payasada y de los diseñadores más exclusivos (foto principal). El defensor lució esta vez una chomba naranja de mangas largas, con líneas en la zona del pecho, además de un pantalón negro y zapatos marrones. También llevó un bolso de diseñador, un accesorio habitual en sus apariciones públicas.
La llegada de Ibrahim Konaté siguió esa misma orientación: el defensor eligió una camiseta blanca con corbata negra, un suéter con cierre y una chaqueta a cuadros. Kylian Mbappé se incorporó con un conjunto blanco de estilo relajado y zapatillas del mismo color, mientras que Désiré Doué, Michael Olise, Eduardo Camavinga, Adrien Rabiot, Dayot Upamecano y Ousmane Dembélé optaron por prendas clásicas o conjuntos de menor exposición.
Un pequeño avance para quitarle frivolidad a la selección francesa muy cuestionada luego del cuarto lugar en el Mundial, sobre todo del bodrio que fue el partido de consuelo con Inglaterra, pero en ningún caso un triunfo total para Zidane. La batalla no ha terminado.