En un momento crucial para River Plate, el domingo en el estadio de Liniers el equipo necesitaba una victoria clara para mantener viva su opción de clasificar a la Copa Libertadores 2026. El técnico Marcelo Gallardo sorprendió al no convocar a Paulo Díaz, quien días antes había sido titular y referente en la zaga. Gallardo fue tajante al explicar la decisión: “Son decisiones técnicas, todas” y agregó que era “parte del trabajo… de las decisiones que hay que tomar de acuerdo a las situaciones que se van presentando”.
Mientras el equipo está inmerso en una racha negativa que lo tiene fuera de la Copa , Díaz se encontraba en el palco junto a compañeros que tampoco estaban en la plantilla, captado por las cámaras en actitud relajada y risueña. Esa imagen caló hondo entre los hinchas, ya molestos por la irregularidad del equipo: consideraron que la actitud del chileno simbolizaba una desconexión total con la urgencia que vivía el club.
La clasificación se complicó: River igualó 0-0 y desperdició una oportunidad de oro, mientras otro rival directo festejaba. En ese escenario, no solo su presencia en la tribuna se volvió un foco de críticas masivas, sino que su situación deportiva quedó severamente afectada. En la prensa argentina se habla de que su ciclo está agotado, y la decisión del entrenador marca un antes y un después en la relación entre jugador y club.
Ahora, entre rumores de salida, exigencias de los hinchas y un ambiente cargado de tensión, la escena queda grabada: un defensor que pasó de ser figura a estar fuera del radar, y un técnico que no tuvo reparos en tomar decisiones públicas que remecen la estabilidad del plantel.