El fútbol europeo vivió una exhibición total. PSG y Bayern Múnich protagonizaron una semifinal de Champions League que quedará en la memoria por su intensidad, calidad y dramatismo. Fue un 5-4 para los parisinos que no admite resúmenes simples: fue un golpe a golpe permanente, con momentos de dominio alternado y una sensación constante de caos controlado, donde cada ataque parecía terminar en gol.
El arranque fue del Bayern. Con presión alta y transiciones rápidas, el equipo alemán encontró premio temprano gracias a un penal que Harry Kane convirtió a los 17 minutos tras una jugada generada por Luis Díaz, que desde el inicio se transformó en un problema sin solución para la defensa local. El cuadro de Vincent Kompany (hoy no dirigió) dominaba, imponía ritmo y parecía tener el partido bajo control.
Pero el PSG respondió como un equipo grande. Khvicha Kvaratskhelia encendió la reacción con un golazo a los 24’, João Neves dio vuelta el marcador a los 33’ con un cabezazo de alto nivel y, en medio de un trámite completamente desbordado, Michael Olise puso el 2-2 a los 41’. Lejos de bajar la intensidad, el partido siguió escalando y, antes del descanso, una mano de Alphonso Davies terminó en penal que Ousmane Dembélé transformó en el 3-2, cerrando un primer tiempo histórico con cinco goles en una semifinal de Champions.
En el complemento, el PSG arrasó. En una ráfaga demoledora, Kvaratskhelia marcó el 4-2 a los 56’ y Dembélé, apenas dos minutos después, estiró la ventaja a un impensado 5-2. El Parque de los Príncipes era una fiesta y parecía que la serie comenzaba a definirse ahí mismo, con un Bayern desbordado y sin respuestas.
Pero este Bayern no se rinde. Con orgullo y empuje, volvió a meterse en partido. Dayot Upamecano descontó a los 65’ y luego apareció Luis Díaz con una obra de arte: control, enganche para descolocar a su marcador y definición a la escuadra que el VAR terminó validando tras revisión. El 5-4 le devolvió vida a los alemanes y encendió un cierre de partido cargado de tensión, con el PSG resistiendo y el Bayern empujando hasta el último segundo.
El pitazo final no cerró nada. PSG ganó, sí, pero Bayern quedó a tiro. La revancha en Múnich asoma como otro capítulo imperdible de una llave que ya se instaló, sin discusión, entre las mejores exhibiciones futbolísticas de los últimos años.