La figura de Natalia Ducó visitó “Moneda chica”, el espacio de coordinación política donde el equipo de José Antonio Kast ha estado afinando los nombres de su eventual gabinete. El inmueble, ubicado en calle La Gloria 88, se ha transformado en el epicentro de reuniones, entrevistas y sondeos de figuras que podrían asumir roles clave en un próximo gobierno.
La presencia de la exlanzadora de bala no fue un movimiento aislado. Durante esa jornada, el lugar registró un constante flujo de aspirantes a cargos ministeriales, asesores y técnicos de distintas áreas. En ese contexto, el ingreso de Ducó fue interpretado como una señal política concreta, que refuerza las versiones que la sitúan como una de las principales opciones para liderar el Ministerio del Deporte, una cartera históricamente relegada en términos presupuestarios, pero altamente simbólica.
En los círculos cercanos al armado programático se comenta que su nombre ha ido tomando fuerza frente a la caída o negativa de otras alternativas. Su trayectoria como deportista de alto rendimiento, su nivel de reconocimiento público y su capacidad de instalación mediática son atributos que, para algunos, encajan con la necesidad de dar visibilidad a un ministerio que ha tenido bajo perfil en los últimos años.
Sin embargo, su posible llegada al gabinete no ha sido recibida de manera unánime. Si bien su carrera deportiva incluye participaciones olímpicas, títulos sudamericanos y una larga permanencia en la élite, su figura también arrastra un episodio que sigue marcando su biografía pública: la sanción por dopaje que la mantuvo suspendida por varios años y que significó uno de los golpes más duros de su trayectoria.
Ese antecedente es, precisamente, el que genera mayores dudas en la esfera deportiva. Para dirigentes, entrenadores y especialistas, la eventual designación de Ducó no solo debe leerse desde su palmarés, sino también desde los valores que se esperan de quien encabece una política pública ligada a la ética, la formación y el juego limpio. En ese cruce de logros y controversias, su nombre se instala como uno de los más comentados del actual proceso de definiciones.