El Benfica confirmó este jueves el regreso de José Mourinho como nuevo entrenador, en un movimiento que ha sacudido al fútbol portugués y europeo. El técnico firmó un contrato hasta 2027 y vuelve al club donde hace un cuarto de siglo inició su carrera como primer entrenador. Esta decisión, que llega tras la destitución de Bruno Lage por la derrota frente al Qarabag en la fase de grupos de la Champions League, se interpreta como un golpe de efecto para reposicionar al equipo lisboeta en el escenario internacional.
Mourinho llega después de un paso intenso por el Fenerbahçe de Turquía, donde asumió en junio de 2024 con la misión de devolver al club a la elite continental. En Estambul dirigió 62 partidos oficiales con un saldo de 37 victorias, 14 empates y 11 derrotas, manteniendo un rendimiento alto a nivel local, aunque sin poder coronarse en Europa. Su gran tropiezo fue precisamente ante el Benfica, cuando el conjunto turco cayó en la ronda de clasificación para la Champions League. La derrota por 1-0 en Lisboa, sumada al global adverso, envió al Fenerbahçe a disputar la Europa League y precipitó la salida del portugués. Tras aquel partido, Mourinho no dudó en reconocer la superioridad de los encarnados: “Ganó el equipo más fuerte. Fueron mucho mejores en la primera parte, perdimos demasiados duelos y no pudimos seguir su ritmo”.
El currículum de Mourinho en la Champions League, sin embargo, habla por sí solo. Es uno de los entrenadores con más historia en el torneo, con 145 partidos disputados, 77 victorias, 35 empates y 33 derrotas desde la fase de grupos en adelante. Ha levantado el trofeo en dos ocasiones con equipos distintos: el Oporto en 2004, en una gesta que aún se recuerda como la culminación de un milagro futbolístico, y el Inter de Milán en 2010, con aquel histórico triplete que lo consagró como uno de los técnicos más grandes de su generación. Además, es el único entrenador que ha conquistado los tres grandes torneos europeos de clubes, incluyendo la Europa League y la Conference, lo que refuerza su reputación como especialista en noches continentales.
El retorno al Benfica tiene un valor simbólico. En el año 2000, un joven Mourinho dirigió al club en lo que fue su primera experiencia como entrenador principal, antes de pasar por el Oporto y emprender un camino que lo llevó al Chelsea, Real Madrid, Manchester United, Inter, Roma y Fenerbahçe. Ahora, con 62 años y una trayectoria marcada por títulos y polémicas, vuelve a la casa donde todo comenzó. Para los hinchas, se trata de un círculo que se cierra, pero también de una oportunidad de ver al técnico más laureado del país comandando nuevamente al equipo más popular de Portugal.
En los medios lusos, la noticia ha sido tratada como un acontecimiento de alcance nacional. “Benfica encaminha retorno de José Mourinho após 25 anos”, tituló el diario deportivo A Bola, resaltando la carga emocional de este fichaje. La cadena pública RTP adelantó que el acuerdo incluye una cláusula de salida en caso de que el proyecto no avance según lo esperado, pero al mismo tiempo subrayó que la directiva encabezada por Rui Costa confía en que la experiencia y el prestigio global de Mourinho sean determinantes para relanzar al Benfica en la Champions. El propio presidente habló de “una trayectoria distinguida y una reputación que trasciende fronteras”, poniendo de relieve que este es un nombramiento pensado tanto para la competitividad deportiva como para reforzar la imagen internacional del club.
El regreso de Mourinho a Lisboa no solo es un movimiento deportivo, sino también un mensaje político en el fútbol portugués. Benfica recupera a un entrenador con peso en el vestuario, experiencia en escenarios de máxima presión y un carácter que no deja indiferente a nadie. La expectativa ahora está en cómo se adaptará a una plantilla que viene de un golpe duro en Europa, y si podrá encaminar al club hacia un protagonismo que hace años parece resistirse. Lo cierto es que, con “Mou” de vuelta en Da Luz, el fútbol portugués recupera a su figura más reconocida y al técnico que, para bien o para mal, siempre garantiza titulares y emociones fuertes.Underline