Francisco Meneghini tomó la decisión más controversial desde su llegada a Universidad de Chile al comunicarle a Leandro Fernández que no será considerado para la temporada 2026. El dato duro tensiona el debate: entre 2023 y 2025, el delantero acumuló 33 goles y 23 asistencias con la camiseta azul. Prescindir de ese aporte instala una incógnita mayor en un equipo que ha sufrido para sostener gol y liderazgo ofensivo, y que ahora deberá explicar cómo reemplazará una producción que, hasta hoy, estaba plenamente acreditada en la cancha.
La reacción fue inmediata. El respaldo popular al atacante derivó en presión directa desde sectores de la hinchada, con mensajes públicos que exigieron revertir la decisión. Meneghini, sin embargo, optó por no retroceder. El gesto —más allá de la evaluación futbolística— refuerza una tesis que atraviesa su carrera: el entrenador se pega a un plan, incluso cuando el costo político es alto.
No es la primera vez. En su etapa como técnico de O'Higgins, Meneghini ya había quedado en el centro de una polémica por la salida de Joaquín Montecinos. Entonces, el propio entrenador fue explícito al explicar cómo se dio ese episodio: “Los dirigentes me informaron el lunes que avanzaban con una posible rescisión de contrato; me sorprendió porque no lo esperaba, pero no me opuse. Si ambas partes querían ir por ese lado, me pareció lógico; se dio rápido y ya no es parte del equipo”. No hubo matices ni intentos por suavizar el impacto. Hubo una aceptación frontal de una decisión compleja, asumida como parte del funcionamiento interno.
Ese antecedente ayuda a entender el presente. Meneghini no desconoce el peso simbólico de Fernández ni su incidencia estadística, pero vuelve a privilegiar la coherencia del proyecto por sobre la contención emocional del entorno. En un club donde el técnico suele quedar atrapado entre la urgencia del resultado y la presión de la tribuna, la postura del argentino marca una diferencia: no administra la popularidad, administra el plan.
El riesgo deportivo es evidente. Sacar del camino a un futbolista con 56 participaciones directas en gol en tres temporadas no es una decisión conservadora. Si la U no encuentra respuestas ofensivas, la figura de Fernández reaparecerá como reproche permanente. Pero Meneghini parece dispuesto a cargar con ese escenario. Como ya había dicho en Rancagua, puede sorprenderle el ruido que generan ciertas salidas, “pero no me opuse”. Esa frase, repetida en distintos contextos, define hoy su conducción.
En la U, Meneghini está mostrando carácter. No el carácter complaciente que busca consenso, sino el carácter del entrenador que acepta el conflicto como parte del oficio. El tiempo dirá si la convicción se traduce en resultados. Por ahora, la señal es clara: el plan está por delante, incluso cuando incomoda a todos.