Durante gran parte de la tarde en Los Ángeles, Suiza fue más, pero no encontraba la manera de romper el cerrojo bosnio. Los dirigidos por Murat Yakin dominaron la posesión, movieron el balón con paciencia y tuvieron en Granit Xhaka a su principal organizador, aunque se toparon una y otra vez con una defensa bien plantada y un inspirado Nikola Vasilj bajo los tres palos.
Dan Ndoye fue el jugador más peligroso de los helvéticos durante la primera hora de juego. El extremo generó las ocasiones más claras, mientras que Freuler, Embolo y Xhaka intentaban darle velocidad a una circulación que muchas veces se volvió predecible. Bosnia resistía y por momentos incluso lograba inquietar con las apariciones de Edin Dzeko y Ermedin Demirovic, manteniendo la sensación de que el empate era un negocio perfecto.
Sin embargo, el partido cambió por completo a los 72 minutos. Murat Yakin decidió mover el banco y envió a la cancha a Rubín Vargas, Djibril Sow y Johan Manzambi. La decisión fue un golpe maestro.
Apenas dos minutos después de ingresar, Manzambi abrió el marcador. Tras un rechazo defectuoso de la defensa bosnia, el joven mediocampista cazó el balón en la frontal y sacó una volea espectacular para vencer a Vasilj. El gol rompió un encuentro que hasta entonces parecía bloqueado y obligó a Bosnia a adelantar sus líneas.
La situación empeoró para los balcánicos a los 80 minutos, cuando Tarik Muharemovic vio la tarjeta roja tras derribar a Breel Embolo cuando el delantero encaraba completamente solo hacia el arco. Con un hombre más y mayores espacios para atacar, Suiza terminó encontrando el escenario ideal para imponer toda su superioridad.
El segundo golpe llegó a los 84 minutos. Embolo encontró a Rubín Vargas con una gran habilitación y el atacante definió con categoría para ampliar la ventaja. Bosnia estaba completamente desarmada y los suizos olieron sangre.
Ya en el tiempo agregado volvió a aparecer la figura de la jornada. Manzambi cerró una gran acción colectiva para marcar el 3-0 y completar una actuación extraordinaria. El volante del Freiburg había ingresado desde la banca para transformar un empate frustrante en una goleada.
Bosnia alcanzó a descontar a los 93 minutos mediante Ermin Mahmic, aprovechando una de las pocas desconcentraciones defensivas de Suiza en toda la noche. Sin embargo, todavía faltaba una última emoción. En la última jugada del partido, los helvéticos encontraron un penal y Granit Xhaka se encargó de transformarlo en gol para decretar el definitivo 4-1.