La crisis que rodea a la FIFA y a Gianni Infantino sigue escalando. Cuando aún no se apagan las repercusiones por el fracaso del proyecto para vender una participación de los derechos comerciales del Mundial y las amenazas legales impulsadas por la UEFA, ahora son las propias ciudades anfitrionas de Estados Unidos las que exigen el cumplimiento de compromisos económicos que, aseguran, nunca fueron pagados.
Según reveló The Athletic, las 11 sedes estadounidenses del Mundial 2026 reclaman el desembolso de US$1 millón para cada ciudad, una contribución que habría sido prometida verbalmente por altos ejecutivos de la FIFA como parte del legado del torneo.
El origen del conflicto se remonta al Mundial de Clubes 2025. En aquella ocasión, Infantino anunció públicamente un aporte de un millón de dólares para cada una de las ciudades organizadoras, dinero destinado a construir canchas comunitarias y financiar proyectos sociales. Tras ese precedente, las sedes del Mundial consultaron si recibirían el mismo beneficio considerando que el torneo de selecciones implicaba una organización mucho más extensa, costosa y compleja.
De acuerdo con cuatro ejecutivos de los comités organizadores consultados por el medio estadounidense, la respuesta siempre fue afirmativa. Aseguran que distintos miembros de la alta dirección de la FIFA reiteraron en múltiples reuniones que el dinero sería entregado. Sin embargo, nunca existió un anuncio oficial y, semanas después de terminado el campeonato, los fondos siguen sin aparecer.
La situación ha generado un problema adicional para varias ciudades, ya que algunos comités organizadores comenzaron a cerrar sus operaciones tras finalizar el Mundial. Eso dificulta determinar qué organismo debería recibir eventualmente esos recursos y también complica la elaboración de balances financieros, al no existir certeza sobre si esos ingresos finalmente llegarán.
El malestar aumenta porque las cifras reclamadas representan una fracción mínima del negocio que significó el Mundial para la FIFA. Durante el ciclo comercial 2023-2026, el organismo celebró ingresos superiores a US$15.000 millones, mientras que el presupuesto operativo del torneo rondó los US$2.700 millones.
En contraste, fueron los gobiernos locales y estatales quienes asumieron buena parte de los costos asociados al evento. Transporte, seguridad, logística, zonas de Fan Fest, adecuaciones en los estadios y servicios para delegaciones y patrocinadores quedaron mayoritariamente bajo responsabilidad pública, mientras la FIFA concentró los ingresos provenientes de derechos televisivos, venta de entradas, patrocinadores y concesiones comerciales.
Uno de los ejemplos más ilustrativos fue Kansas City. El comité organizador recibió casi US$87 millones de inversión pública provenientes de los estados de Missouri y Kansas, además del municipio y otros aportes. A eso se sumaron beneficios tributarios y exenciones fiscales para facilitar la organización del torneo, además de inversiones específicas para adecuar infraestructura y cumplir las estrictas exigencias impuestas por la FIFA.
Hasta ahora, la FIFA declinó realizar comentarios sobre los reclamos.
El episodio añade una nueva presión sobre Gianni Infantino, cuyo liderazgo atraviesa su momento más complejo. En los últimos días, la UEFA amenazó con acciones legales por el fallido intento de privatizar parte de los derechos comerciales del Mundial; el presidente de la Federación de Jordania denunció presiones y "chantaje" para respaldar la reelección del dirigente suizo; y diversos reportes internacionales aseguran que Infantino incluso buscó sin éxito respaldo político de la administración estadounidense para contener la crisis.
Lo que comenzó como una disputa por la venta de activos comerciales terminó abriendo múltiples frentes simultáneos. Ahora, incluso las ciudades que hicieron posible la realización del Mundial exigen explicaciones a una FIFA cuya credibilidad continúa deteriorándose.