“Muchos jóvenes se han criado con el ‘no te esfuerces mucho porque juegas bien’”. La frase la lanzó Mauricio Pellegrino en febrero de 2023 y en Universidad de Chile rápidamente se interpretó como un mensaje dirigido a Lucas Assadi. El técnico argentino apuntaba al talento natural de una generación formada en el club, pero también advertía sobre la necesidad de sostener el crecimiento desde el compromiso físico, la regularidad y la exigencia competitiva. Una reflexión profunda que tres años después toma una relevancia aún mayor.
Este lunes 11 de mayo, el volante extendió oficialmente su vínculo con Azul Azul hasta finales de 2028, aunque el detalle revelado por Emisora Bullanguera terminó instalando otro debate: cuánto se depreció uno de los talentos jóvenes más importantes que había producido el club en los últimos años.
Según la información dada a conocer, el nuevo acuerdo contempla dos cláusulas de salida. La primera es de US$ 2,3 millones para cualquier club interesado y la segunda, de US$ 2,1 millones, destinada específicamente a un equipo que ya habría manifestado interés concreto por el jugador. “Hay varios equipos detrás, pero hay un destino más cercano, aunque pueden llegar mejores”, señalaron en la citada información.
La cifra sorprende cuando se compara con el escenario que rodeaba a Assadi hace apenas algunos meses. Porque entre julio y octubre de 2025 el volante ofensivo atravesó probablemente el mejor tramo de toda su carrera profesional. En ese período registró 9 goles y 6 asistencias entre el Torneo Nacional, la Copa Sudamericana y la Supercopa, consolidándose como la principal figura ofensiva de Universidad de Chile en la campaña más competitiva del club en años.
El rendimiento no solo destacaba por los números, sino también por el contexto. Assadi apareció en partidos grandes y escenarios de máxima presión. Le convirtió a Colo Colo en la Supercopa, produjo frente a Independiente en la Copa Sudamericana, anotó contra Guaraní y también fue decisivo ante Alianza Lima. En el torneo local tuvo actuaciones directamente dominantes: en el 4-1 sobre Unión Española marcó un gol y entregó dos asistencias, mientras que frente a Unión La Calera volvió a liderar ofensivamente una goleada azul.
En ese momento, Assadi parecía entrar definitivamente en la categoría de exportación. Joven, chileno, formado en casa, con desequilibrio individual y producción ofensiva sostenida en torneos internacionales, comenzó a despertar interés desde distintos mercados. México, Brasil y la MLS aparecían como destinos posibles para un futbolista que finalmente estaba logrando transformar condiciones técnicas en rendimiento concreto.
En Azul Azul la expectativa era enorme e incluso se frotaban las manos con una venta cercana a los 4 millones de dólares. No solo por el impacto deportivo, sino también porque el volante empezaba a perfilarse como una operación estratégica para las finanzas del club. De hecho, ya existían fórmulas vinculadas a porcentajes de futura venta y la sensación interna era que Assadi podía convertirse en una de las transferencias más importantes de la concesionaria en la era SADP si lograba sostener ese nivel algunos meses más.
Pero todo cambió abruptamente el 26 de octubre de 2025. En el clásico ante Universidad Católica, disputado justo antes de la revancha frente a Lanús por las semifinales de la Copa Sudamericana, el mediocampista sufrió la lesión que terminó transformándose en el gran punto de quiebre de su carrera reciente.
“Tras realizarse los exámenes médicos, post desarrollo de la Fecha 25, se determinó que Lucas Assadi sufrió una lesión musculotendinosa de isquiotibiales, con compromiso del tendón conjunto semitendinoso/bíceps femoral”, señaló el parte médico oficial de Universidad de Chile.
El momento fue devastador para el jugador y para el club. La U se preparaba para disputar el partido más importante de los últimos años a nivel internacional y Assadi era uno de los futbolistas más determinantes del equipo. Además, ese tipo de encuentros representan una vitrina clave para observadores y clubes extranjeros. El volante venía exactamente en esa curva ascendente que suele disparar el valor de mercado de un jugador sudamericano joven: producción ofensiva, exposición internacional y continuidad competitiva.
La lesión cortó todo ese impulso. Y lo más duro es que el bajón posterior quedó reflejado inmediatamente en los números. Desde aquel clásico frente a Católica, Assadi disputó apenas 11 partidos y solo entregó una asistencia. Para un jugador cuyo valor estaba asociado justamente a la capacidad de desequilibrar, generar ventajas y participar constantemente en goles, la caída fue drástica.
El inicio de 2026 terminó profundizando todavía más el problema. Arrancó la temporada jugando, pero rápidamente comenzaron las complicaciones físicas y la pérdida de continuidad. A la lesión muscular se sumaron problemas de tobillo y un escenario cada vez más complejo desde lo competitivo. A eso, también se le sumó un alza en el peso que lo dejó lejos de esa versión explosiva que mostró en la segunda mitad de 2025.
Así el mediocampista empezó a desaparecer de las convocatorias en varios encuentros importantes: quedó fuera frente a Colo Colo, Palestino, Universidad de Concepción, Coquimbo Unido y La Serena en una secuencia que contrastaba brutalmente con el protagonismo absoluto que tenía pocos meses antes.
Cuando volvió a sumar minutos, tampoco logró recuperar el impacto ofensivo del segundo semestre de 2025. En el campeonato nacional apenas registra una asistencia, justamente en la goleada 4-0 sobre La Serena. Después de eso aparecen actuaciones discretas y una presencia cada vez más secundaria dentro del equipo, sin titularidades. Sólo en seis oportunidades arrancó en el 11 inicial desde su lesión en el Claro Arena en octubre de 2025, perdiéndose 13 partidos por problemas físicos. Demasiado para un jugador de 22 años.
También influyó el contexto institucional y deportivo de Universidad de Chile. La irregularidad del equipo, los cambios de entrenadores y la falta de estabilidad competitiva terminaron afectando directamente el desarrollo de un jugador que necesitaba continuidad para sostener el salto definitivo. En escenarios así, los futbolistas jóvenes suelen perder rápidamente espacio y confianza cuando las lesiones interrumpen sus mejores momentos.
Por eso la renovación firmada hasta 2028 termina teniendo una doble lectura. Por un lado, la U asegura la permanencia de un jugador formado en casa que todavía conserva talento y margen de recuperación. Pero al mismo tiempo, las cláusulas reveladas muestran cuánto cambió el mercado alrededor suyo en apenas algunos meses.
Porque el Assadi del segundo semestre de 2025 parecía encaminado a una operación muy superior a los US$ 2 millones. Hoy, en cambio, el desafío es otro: recuperar continuidad, físico y confianza para intentar volver a acercarse al nivel que alguna vez hizo pensar que Universidad de Chile tenía entre manos una de sus futuras grandes ventas.