En Unión Española e Iquique existía un espacio al milagro para que sus pares, el resto de los clubes, apoyaran la acción legal a su favor y en contra de la ANFP. Para algunos era la opción de doblar la mano, de una vez, a la pésima gestión de Pablo Millad. Sin embargo los 3/5 que se necesitaban para resolver el tema en favor de los implicados no se dio.
Rojos y Dragones tenían claro eso sí que dos votos no estarían en su lista, Limache y Serena defenderían sus intereses porque de lo contrario se verían involucrados con el descenso.
El timonel de los Tomateros, César Villegas ya había sido claro en su postura: “Existe la ética, existe la vergüenza deportiva”, sentenció. A la negativa de los descendidos se habrían sumado, Audax Italiano, Huachipato, U Católica, Cobresal y Universidad de Chile. Todos estaban en la línea de respetar las bases a rajatabla.
En Unión e Iquique no tardaron en recordar el capítulo que afectó a los azules el año 2019, cuando el torneo concluyó de manera anticipada por el estallido social, al igual que el polémico partido de los Dragones Celestes con Calera, que fue suspendido cuando igualaban sin goles, pero ese punto no se contabilizó para los nortinos lo que habría sentenciado a la U al descenso.
En Unión tampoco olvidarán la votación de Manuel Mayo al momento de ceder o arrendar Santa Laura a futuro, ante los eternos requerimientos del cuadro universitario cuando se ve imposibilitado de jugar en el Nacional.
Porque si hay algo que caracteriza al controlador de los hispanos, Jorge Segovia, es que el rencor, y este no se olvida fácilmente de la fecha en que el mismo Consejo de Presidentes le negó la opción de acceder a la presidencia de la ANFP, aferrándose al incumplimiento del artículo 164 del reglamento.